Leo en el diario ‘El País’ los salarios de los ejecutivos de las empresas que cotizan en el Ibex-35 –de media un millón de euros al año– y sólo se me ocurren preguntas: ¿Qué puede hacer el ser humano para defenderse de esta catástrofe programada? ¿Cómo podemos defendernos del descerebramiento o parasitismo en el que la ideología neoliberal ha instalado a las sociedades occidentalizadas gracias a una hábil combinación de amnesia, olvido, tecnociencia y mercadotecnia? ¿Qué clase de individuos asociales están al frente de las mayores empresas de este país? Cuando tenemos cuatro millones de parados, a sus representantes políticos y empresariales –los dirigentes del PP y de la Ceoe– sólo se les ocurre criticar los miserables subsidios de poco más de cuatrocientos euros que este miedoso Gobierno trata de ampliar, simplemente, para que no empecemos a ver en nuestras ciudades escenas que nos retrotraigan a otras ya descritas por Dickens o Zola en los albores de la industrialización.
Desde la caída del Muro de Berlín, y como consecuencia del abandono de los valores que la izquierda social europea representaba, la humanidad está viviendo un vertiginoso salto atrás. La desintegración y destrucción del Estado del bienestar, como freno a la arbitrariedad y al abuso de la fuerza, y el avasallamiento de los neoliberales que –a pesar de ser los responsables de la situación en la que nos encontramos– siguen ofreciendo más de los mismo: desregularización, flexibilidad laboral, deslocalización, bajada de impuestos, privatizaciones masivas de los servicios públicos y socialización de las pérdidas. Vivimos tiempos de un capitalismo desatado y salvaje, los primeros en sufrirlo son los trabajadores que dependen de un puesto de trabajo para no convertirse en excluidos.