UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS

Sin director, planos, |
A las paredes de la vieja casa de La Cabrera le habían crecido las grietas y el olvido. Sin haberlo querido se había convertido en un viejo museo de la arquitectura tradicional... con antena parabólica. Al pasado le han salido los cuernos del futuro como al viejo corredor con ventanas le han ido creciendo día a día cencerros de rebaño, lámparas de mina, pregancias de cocina, trébedes de matanza, cestos para las patatas, arados romanos vivos y activos veinte siglos después, ruedas del carro que ya no anda ni abona, horcas sin mango, rastrillos con él... aperos y utensilios sin manos que los manejen . Vestigios de un tipo de vida que la antena parabólica no envía al mundo pues el camino es el contrario, es el mundo quien invade su silencio a través de esos extraños hierros que no sirven para rastrillo pero son capaces de ponerle cara y voz a Obama o Benedicto XVI en el último rincón de la tierra. A la pared le ha crecido un museo. Un curioso museo que no ha necesitado sesudos arquitectos que tiren líneas y debatan sobre espacios, un museo que no precisa director que desarrolle un complicado plan de musealización, un museo que no necesita de las ubres de las subvenciones para abrir cada mañana sus puertas. La pared de la casa de Pozos es un museo vivo de las vidas muertas. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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