Hace unos días el concejal de Parques y Jardines, si es que se denomina así su cargo, nos prometió que el aspecto de la ciudad iba a cambiar radicalmente. Volverían a florecer los parterres en los parques, el color de la hierba verde y fresca, bien cortada, se apoderaría de nuestra ciudad y los árboles mostrarían todo el esplendor de la primavera. Confieso que me gustó. ¡Por fin iba a cambiar el lamente aspecto de la ciudad! Los regidores se habían dado cuenta de lo que es evidente para todos: León está hecha un asco, sucia, abandonada y cada día más empercudida.
Se ha visto una mejora, pero muy escasa y relevante. El césped de los parques sigue sin cortar, y dentro de poco más que cortar, habrá que replantar con el consiguiente aumento del gasto. Las flores no han llegado a muchos parques y los árboles todavía están sin podar mientras la primavera avanza. Sigue habiendo dejadez, suciedad, abandono y destrucción. La ciudad está mostrando su peor cara y la estación en la que todas las ciudades españolas lucen sus mejores galas para atraer visitantes, la nuestra vive una existencia sombría, triste y abandonada.
Como muestra un botón. Desde que entró este equipo de gobierno municipal, la cancha multiusos –baloncesto, balonmano y fútbol sala– de La Palomera que está cerca de la parroquia del Salvador, perdió su césped artificial hace años. Los chicos juegan con pasión sobre un suelo de cemento irregular que les causa lesiones y heridas. Nadie pone solución. No se hace caso a las reclamaciones de los vecinos. Este es un ejemplo de la caótica situación de León donde no vislumbramos por ningún lado la primavera.
Dentro de unas fechas entraremos en otra campaña electoral y vendrán presidentes –del Gobierno y de la Autonomía–, ministros y consejeros, secretarios de Estado y altos cargos, y todos pasarán por aquí llenando el aire de promesas, de un futuro mejor que desaparecerá al mismo tiempo en el que ellos mismos se vayan de aquí. Y verán una parte de la ciudad moderna, limpia y preparada para recibirlos mostrando una cara lavada y su mejor fachada. Pero no verán la realidad que es una ciudad que lentamente se va empobreciendo, que está triste y desaliñada, una ciudad que necesita un fuerte impulso para que cambie su aspecto externo tan descuidado y dejado de lado, pero sobre todo, cambie su mentalidad. Ahora llega otra oportunidad, exijamos a los políticos que enluzcan nuestra bella y milenaria ciudad de León.