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RECUERDOS LEONESES

Antonio, aquel ‘chico de Carrizo’

La infancia del músico fallecido fue muy leonesa. Su abuelo fue médico en Carrizo. Allí pasó muchos veranos

Ángel, dueño de un restaurante de Carrizo y amigo de infancia de Antonio Vega. LAURA A. ORIA

M.C. Cachafeiro / L. A. Oria
Efe / León / Madrid
La chica de ayer’ marcó a toda una generación. A Antonio Vega, su autor, fallecido esta semana a los 52 años, le marcaron también sus recuerdos de infancia en Carrizo de la Ribera. El nieto de Don Enrique, médico del pueblo durante muchos años, pasaba los veranos en la villa del Órbigo. Su familia ya vivía en Madrid, pero la casa del abuelo seguía siendo ese lugar de encuentro para luchar contra el caluroso asfalto madrileño. Todavía hoy, en Carrizo, hay gente que se acuerda del mítico cantante. “Jugábamos de niños, aunque más de su primo Nacho. Ya entonces le gustaba la música”, señala Ángel, el dueño del restaurante Gelín de Carrizo.
Antonio Vega Tallés nació en Madrid el 16 de diciembre de 1957. El desaparecido cantante era el mediano de una familia de siete hermanos. Su padre, como su abuelo, fue médico y se especializó en traumatología. “Yo nací un 16 de diciembre, el de 1957 en particular —decía Antonio Vega en su biografía—, con mucha prisa pues solo había transcurrido siete meses y medio de embarazo. Dos hermanos esperaban por mí en los sabores del uso de la razón y tres hermanas por llegar completarían la saga de los Vega. Una educación afortunada, sobre la base de la humildad y la entrega, me protegió a lo largo de 20 años, en que el servicio militar cerraría primero y abriría después las etapas de mi vida”, afirmaba.
Su padre, leonés de nacimiento, ejerció la profesión de médico en Madrid. A Carrizo iban en verano, a la casa del abuelo, lo que hoy es el pub Isla, en la principal arteria urbana de Carrizo de la Ribera. “Mi inclinación por la música y los instrumentos se puso de manifiesto muy joven, a los 10 años, cuando asistía en calidad de “oyente” a las clases de guitarra que tomaban Ricardo y Carlos. Con los ojos clavados en las manos y los trastes, procuraba retener sonidos y sus correspondientes posiciones en el mástil, luego cuando todo terminaba me acercaba a la guitarra casi tan grande como yo y acariciando tembloroso sus cuerdas, pensaba en que algún día yo la pondría sobre mis muslos y mis manos la harían sonar”, decía también el desaparecido cantante. Todo un mito para una generación, la de la ‘movida madrileña’.
La casa del Órbigo ya no pertenece a la familia de los Vega. Cuando los nietos dejaron de ir al pueblo, el inmueble se vendió a un emigrante de Carrizo en Venezuela, que montó allí una pequeña fábrica de zapatos. Su actual propietario, el tercero ya, como si el destino quisiese que el fin de esa casa fuera la música, la tiene dedicada a local de copas.
Muchos son ahora los que le echan de menos, entre ellos su primo Nacho García Vega, con quien en 1978 fundaba uno de los grupos más emblemáticos de la música española, Nacha Pop. “Antonio ha sido una persona única, como única es su contribución a la música”, comentaba a Efe, minutos después de conocer la noticia de la muerte de Antonio Vega esta semana. Tras muchos años de carretera y estudio, Nacho García Vega no dudaba en quedarse con una canción, “Lo que tu y yo sabemos”, y “con cualquiera de esas miradas que se cruzan en el escenario”.
La vida de Antonio no fue fácil, su coqueteo con las drogas desde muy joven le llevó a un deterioro físico progresivo y a tener una vida muy frágil. Antonio vivió en el filo y convirtió las crónicas de su existencia en canciones imprescindibles del pop español que han inspirado a varias generaciones de músicos y han emocionado a millares de seguidores.
Sus compañeros de profesión lo retrataron como “Ese chico triste y solitario” en un disco de homenaje algo atolondrado publicado hace quince años; sus fans vivieron siempre esperando el momento en que su enorme talento volviera a producir una joya.
Fue pionero de la Movida con Nacha Pop, el mítico grupo formado junto a su primo, el guitarrista y cantante Nacho García Vega, el bajista Carlos Brooking y el batería Ñete, pero la gravedad que mostraba Antonio a sus veinte años desentonaba en el ambiente de fiesta permanente de aquello años. Dejó claras sus intenciones desde el principio con “La chica de ayer”, el primer single del grupo, publicado en 1980, convertido desde hace tiempo en un himno del pop.
Antonio Vega emprendió en 1991 su carrera en solitario con “No me iré mañana”, un disco de intensas guitarras y que contenía canciones a la altura de lo que su público ansiaba: “Esperando nada”, “Lo mejor de nuestra vida” y “Se dejaba llevar por ti”. Fue un prometedor comienzo, pero al genial autor le faltó continuidad.

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