Apesar de lo que algunos digan, el Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo está dando mucho juego. En Camponaraya, por ejemplo, los carteles que anuncian las obras financiadas por el mismo no dudan en saltarse a la torera el formato oficial al calificarlo por su sobrenombre, Plan Zapatero. Ahí, con dos cojones.
En Ponferrada, por el contrario, los responsables municipales han decidido orientar esos carteles hacia los operarios que trabajan en las obras o, en algunos casos, hacia los conductores que circulan en dirección prohibida. Cualquier posición es válida, salvo aquella que permita al ciudadano enterarse de quién financia la obra.
Tampoco han hecho los deberes en lo que respecta a obras que ya estaban programadas, cuya inclusión en el Plan estaba prohibida. Pero basta con maquillar algunos aspectos o variar al alza el presupuesto final para que acaben formando parte del listado. Por otro lado, la elección de los lugares afectados por el Plan sirve para evidenciar, una vez más, los métodos empleados a la hora de invertir el dinero, basados en el amiguismo, el rédito electoral y el poco respeto a todo lo que no sea la ciudad o sus pedanías afines.
Así, los habitantes de Villar de los Barrios seguirán en el Tercer Mundo, salvo que abonen los 300 € por metro lineal que les propone el Ayuntamiento como alternativa. Mientras cientos de habitantes del municipio pisan barro, en Ponferrada se emplea el dinero en adecuar el entorno de un recinto deportivo, en construir miradores o en urbanizar los alrededores de viviendas promovidas por personajes cercanos al equipo de gobierno. De esa forma, quienes más critican las medidas del Gobierno serán, paradójicamente, los más beneficiados por las mismas.
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