El equipo blanquiazul golea al Poli en un gran partido y sigue en la lucha
Los jugadores celebran el gol de Teo que abrió el contundente triunfo de la Ponferradina. DANIEL
Javier Santiago / Ponferrada
La Ponferradina se ganó con rotundidad el derecho a soñar con el ascenso. Ante un meritorio Poli Ejido logró un triunfo sonoro en medio de un ambiente espectacular. Hoy entrará en el sorteo para conocer a su próximo rival en el camino hacia Segunda A.
De inicio, el partido transcurría bajo la espesura pegajosa de la tensión. Era el escenario perfecto para el sufrimiento y el esfuerzo propios de este tipo de eliminatorias. Y entonces, como un revolucionario clásico, soñó que bajo los adoquines había arena de playa.
Súbitamente, iluminó el partido como si fuera un rayo más de la tormenta de la víspera. Trituró el orden establecido con un quiebro de su cosecha y envió la pelota majestuosamente con el exterior del pie hacia Fuentes. Este se transformó en el mejor extremo posible y habilitó a Teo. Y el pucelano se convirtió en zurdo para marcar el primer gol.
Pero la revuelta no había terminado. La Deportiva necesitaba más dosis de sosiego y lo encontró de nuevo en los pies del revolucionario Valle. Rubén Vega le encaminó hacia la portería con un pase perfecto y allí, sólo ante Valerio, el cántabro trituró el fantasma de sus ocasiones falladas en El Ejido. Encaró al guardameta y lo desmadejó con un quiebro imposible de descifrar con un solo vistazo. Luego buscó la portería y depositó en ella el balón.
El partido y la eliminatoria ya eran definitivamente otros. Para que todo pintase aún mejor para los blanquiazules antes del descanso, los intentos de reacción del Poli se quebraron de la peor manera para ellos. Poco después de que Molina desperdiciase un mano a mano ante Alejandro, el colegiado mostró la segunda amarilla al central Raúl Torres.
Así, la Deportiva encaró la segunda parte con dos goles de ventaja y un hombre más. El escenario perfecto para buscar la sentencia al contraataque frente a un rival obligado a intentar una gesta a cualquier precio.
Para ahuyentar los riesgos, la Ponferradina se apropió del balón. Frente a la encomiable voluntad del Poli, los blanquiazules apostaron por el toque y el sosiego. Fueron momentos de fútbol indiscutiblemente hermoso, con la grada anticipando la fiesta mientras los jugadores aprovechaban la circunstancia feliz para darse una alegría.
Teo, con un disparo cruzado, y Rubén Vega, con una lejana vaselina, estuvieron cerca del tercer gol. Pero no llegó. Y en una fase de ascenso, ni la mayor ventaja es definitiva. El Poli Ejido se dispuso, como mínimo, a caer honorablemente. Para empezar, consiguió tiznar de emoción el partido. Se lanzó en busca del gol que le diese vida y elevó las dosis de incertidumbre. Se volcó sobre la portería de Alejandro y, de paso, realzó el protagonismo del portero, cuya enorme figura apareció para desbaratar tres ocasiones consecutivas. La más clara fue otro mano a mano con Molina en el que el delantero volvió a caer derrotado.
A la Ponferradina le convenía domar el partido, pero el Poli Ejido consiguió evitarlo por coraje. Sabía que en cualquier momento podía llegar un contraataque mortal, pero tenía que asumir el riesgo. Y así, el partido se convirtió en un emotivo correcalles.
Pero, finalmente, la cosa fue blanquiazul. Ernesto asumió el reto de lanzar un disparo seco y logró el tercero para catapultar a los blanquiazules de la mejor manera hacia la siguiente ronda. Cañadas logró el tanto del honor para un equipo honorable, pero en ese momento el Bierzo ya estaba de fiesta.