El desembarco de la Universidad de Washington en León supone un salto cualitativo para una ciudad y una provincia que apenas han desarrollado, ni han creído, en las grandes posibilidades de la enseñanza del español. Contar con una universidad de primer nivel en Estados Unidos como trampolín para Europa no es sólo una oportunidad de promoción para León; debe ser, ante todo, una fuente de ingresos. El español es ya el segundo idioma de Estados Unidos. Lo hispano tiene cada vez más influencia en la sociedad norteamericana, como lo evidencia el reciente nombramiento por parte de Obama de Sonia Sotomayor como presidenta del Tribunal Supremo. En los últimos años, otras ciudades de Castilla y León han iniciado una frenética carrera por hacerse con el mayor número de alumnos, sobre todo Salamanca y Valladolid y, ya en menor medida, Burgos, Segovia y Ávila. León, pese a contar con un mejor castellano, apenas ha sumado iniciativas en todos estos años para hacerse un hueco, salvo alguna iniciativa aislada como los cursos de español para extranjeros. Por no reclamar, ni ha reivindicado hechos tan destacables como la Nodicia de Kesos de Ardón, para muchos expertos el primer documento en la lengua de Cervantes. El Palacio de los Conde de Luna es la sede ideal para el proyecto de la Universidad de Washington. No se podrá quejar la institución norteamericana del gesto del Ayuntamiento de León que, por otro lado, se veía en la obligación de buscar un uso al inmueble tras su restauración. El Conde Luna representa el mejor de los pasados de esta tierra. León debe ponerse las pilas en la enseñanza del español. Es mejor que rebuscar hablantes del leonés y falsos leonesismos.