Fotografía tomada en Tudela en el año 2007, de miembros de la Asociación Histórica ‘Voluntarios de León’ que recrea dicha unidad militar de 1808-1814.
Arsenio García Fuertes / León)
Vamos a reunir aquí los nombres de varios leoneses que entre 1808 a 1814 lucharon por su Libertad e Independencia. No hablaremos de políticos y escritores, sino de los soldados leoneses que padecieron trabajos y calamidades, que dejaron su juventud, y, muchos de ellos, sus vidas, por la causa patriota. Hablaremos de aquellos que: “Por vencer en la Guerra, nos trajeron la Dignidad y la Paz”.
Empezaremos por Federico Castañón y Lorenzana (Vegamián) y Félix Álvarez de Acevedo (Otero de Curueño). El primero era Teniente de la Guardia de Corps en 1808, y el segundo Guardia. Huidos de la Corte, tras el Dos de Mayo, llegarían a León. Allí se pondrían disposición de su Junta para encuadrar a nuevos alistados. Castañón sería comandante del 4º de Voluntarios de León, y Acevedo serviría en el 3º. Tras la pérdida de Logroño, Acevedo regresaría a León, acudiendo al llamamiento para volver a reunir a los Voluntarios en las montañas de Valdelugueros.
Por su parte, Federico Castañón, marcharía con varios de los hombres de su disuelto regimiento desde La Rioja a Zaragoza. Allí combatiría en el segundo Sitio, dentro del batallón 4º ligero del Carmen (al que adscribió Palafox a los leoneses). Castañón, nombrado comandante general de la línea entre el puente de Muelas y el Torrero, se distinguiría en los combates del 5 y del 31 de diciembre, siendo condecorado. También se señaló uno de sus sobrinos, Tomás Castañón y Caso (de 16 años) al detener con granadas de mano un avance francés en la calle del Sol el 31 de diciembre.
Tras la rendición, Castañón reunió a sus leoneses ocultándolos entre las ruinas, y el 8 de marzo “Se fugó con dos sobrinos y cinco oficiales más de su regimiento que condujo hasta León, haciendo toda la marcha a pie y con mucha exposición”. Estos oficiales eran los capitanes Vicente Andrade y Manuel de Ibarra, los tenientes Victorino Díaz, Federico Castañón y José Urrengoechea, y los subtenientes Tomás Castañón y Benito Trillo.
En 1810 Castañón es ya brigadier. En 1811 se distingue en las victorias de Corgorderos y de Riego de Ambrós (en las que murieron los generales franceses Valletaux y Corsin). Tres años después se cubriría de gloria en el puente de Yancí, en Navarra, aguantando las cargas de la infantería francesa y siendo herido. Sería citado en el orden del día de los Tres Ejércitos Aliados y cumplimentado por el duque de Wellington. En la victoria de San Marcial volvería a ser herido. Sería declarado Benemérito de la Patria en Grado Heroico por sus once heridas de guerra (que le dejarían cojo y manco). En 1829 era ya Teniente General.
Félix Álvarez de Acevedo combatiría en el primer Sitio de Astorga como teniente coronel de Voluntarios de León. Tras caer prisionero con toda la guarnición, se fugaría en Villalpando. Acabaría la guerra como coronel del regimiento de Tuy.
Acevedo sería un fervoroso defensor de la causa liberal tras la guerra. En febrero de 1820 sublevaría a La Coruña en apoyo de Riego, proclamando la Constitución. A los pocos días moriría combatiendo a las tropas absolutistas del conde de San Román en Orense. El Gobierno del Trienio ordenaría inscribir su nombre en el Salón de las Cortes junto a los de Lacy, Porlier y el Empecinado.
Otro leonés que alcanzaría fama durante la guerra sería el ex militar Luis de Sosa y Tovar (Vidanes), amigo personal de Federico Castañón. Pésimo militar pero entusiasta liberal y escritor, sus trabajos por la causa patriota los circunscribiría a la actividad política y literaria en León, Oviedo y la misma Cádiz.
Un joven estudiante, emparentado con Sosa, Tomás Díaz Caneja (Oseja de Sajambre) sería también un activo patriota. Le acompañaría otro estudiante, Isidro Balbuena (Pedrosa en Castilla). Balbuena sería el que llevaría a Galicia la noticia de la rebelión de los leoneses. Los dos se alistarían en los Voluntarios de León, los dos llegarían al grado de oficiales de infantería, los dos morirían en combate a finales de 1813 cuando las tropas españolas invadían Francia.
El astorgano Pedro Rodríguez de Cela tenía sólo quince años cuando, ascendido a teniente, dirigió a sus hombres en la batalla de Medina de Rioseco. Es fama que aquel día los astorganos del batallón Clavijo cubrieron la retirada de todo el Ejército Castilla. Tras muchos combates, sobreviviría a la sangrienta batalla de Toulouse de abril de 1814 que acabó con la guerra.
Otros dos astorganos, (hijos del primer alcalde Constitucional de Astorga) Joaquín y Benito Rubín de Célis (de 16 y 14 años de edad), se alistarían también. Acabada la guerra marcharían a luchar en Venezuela contra los independentistas. El mayor, Joaquín, moriría con gloria (al frente de un regimiento de criollos leales) en Ayacucho, la última batalla librada por los realistas. El menor regresaría a España cubierto de condecoraciones y amarguras.
Otro estudiante, Gabriel de la Huerga (Villamandos), se alistaría en los Escolares de León. En 1810 actuaría de espía tras las líneas francesas introduciendo periódicos españoles para animar a los pueblos ocupados. Veterano de San Marcial, su acción más gloriosa, que casi le costó la vida, fue la toma, al asalto con los Voluntarios de León, de las baterías del Rastrillar de Laredo, durante el bloqueo a Santoña: “En la que mandó la columna de asalto compuesta de dos compañías, perdiendo en tan arriesgada empresa casi la tercera parte de la suya”.
Mateo Domínguez, campesino acomodado de Toral de los Guzmanes, serviría también en los Voluntarios de León. Sus superiores le destinaron a montar una red de espionaje en Tierra de Campos. Desde ella proporcionó valiosos informes a las tropas españolas, y al duque de Wellington, sin que los franceses consiguieran nunca capturarlo.
Otra historia es la de cuatro hermanos de San Juan de la Mata en el Bierzo, (hijos del teniente coronel Leandro Osorio Quindós) jóvenes oficiales de Tiradores del Bierzo: Antonio de 23 años, Juan de 21, José de 19 y Francisco de 17. Los cuatro combatieron en el primer Sitio de Astorga y cayeron prisioneros tras la capitulación. Sólo Antonio, conseguiría evadirse de la columna de prisioneros en Benavente.
La alegría de la libertad se le nublaría con la amargura de haber dejado a sus tres hermanos pequeños camino de Francia. Antonio combatiría el resto de la guerra en los Voluntarios de León y no volvería a ver a sus hermanos hasta 1814.
Otro distinguido soldado sería el coronel Joaquín Ortiz de Zárate (Bembibre). Serviría en el Estado Mayor de los generales Santocildes y Abadía. En noviembre de 1813 recibió el mando de los Voluntarios de León a los que llevaría a la victoria en San Marcial, en el paso del Bidasoa y en la sangrienta reconquista del “Gibraltar del Norte”, el Peñón de Santoña. Tras la guerra defendería la Constitución ante los Cien Mil Hijos de San Luís. En 1836 se suicidaría en Valladolid al verse postrado por la enfermedad.
Otro que dejó su salud y cordura en la guerra fue el teniente Dionisio Zubillaga (Riello). Estudiante en Salamanca, se alistaría en los Escolares de León. Veterano del Sitio de Astorga, los padecimientos y crueldades de la guerra le enloquecieron hasta el extremo de acabar internado en el Hospital Militar de Valladolid. Tras varios años de reclusión, lograría vencer su esquizofrenia hasta el punto de poder contraer matrimonio en 1825.
Todos ellos harían honor a su nombre de españoles y al uniforme de los Voluntarios de León.
“En esta orgullosa tierra nos hicimos fuertes.
A lo largo de los tiempos, siempre fuimos queridos.
Me enseñaron a luchar, me enseñaron a vencer.
Nunca pensé que pudiera ser derrotado”
(P. Gabriel)