Logo de la-cronica.net


La lámpara de la estantería

Julio Llamazares
Lo único que conservo de mis años en Olleros de Sabero, aparte de algún amigo y de miles de recuerdos que me acompañarán ya siempre puesto que forman parte de mi, es una lámpara de minero que alguien le regalaría a mis padres y que éstos se llevaron a León cuando se trasladaron a la ciudad después de dieciocho años viviendo en aquel lugar.
La lámpara está en una estantería sujetando los libros más valiosos y, a veces, me parece estar viviendo nuevamente en aquel pueblo en el que pasé mis primeros años y al que de tarde en tarde regreso para reencontrarme con aquel pasado. Y es que la lámpara ya estaba allí, en algún lugar de la casa de mi familia en Olleros, en aquel pabellón 9 de las Colominas cuyas ventanas daban a la plaza y en el que también estaba la escuela en la que mi padre ejerció de maestro. Desde ellas, yo veía pasar a los mineros muy temprano o, por la tarde, en invierno, cuando ya era noche cerrada, camino de la mina cuyo castillete se veía a lo lejos y me parecían fantasmas en la oscuridad. Solamente sus linternas o los focos de los cascos con los que se alumbraban entonces ya, relegadas las lámparas antiguas al baúl de los recuerdos de la mina, rompían la noche inmensa de aquellos pueblos de los que también un día desaparecería el carbón, convirtiéndolosen lugares semifantasmales.
Sé que el tiempo ha cambiado su fisonomía, que la historia ha borrado a los mineros de sus calles, que en la noche ya no hay luces brillando como luciérnagas en la oscuridad, pero la memoria sigue y en la mía cada vez que lo recuerdo se enciende otra vez la lámpara que sostiene los libros en la estantería y que es el hilo que me une a aquel pasado que nunca desaparecerá porque forma parte de mi identidad.

Publicidad
pix
publi
pix

© Promociones Periodísticas Leonesas, S.A.
Moisés de León, 49-bajo 24006 León (España)

Correos de La Crónica