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EDITORIAL /

Atajar sin contemplaciones

El que ya se llama ‘chapapote de León’, el alga que ha dejado sin pesca un río tan truchero como el Porma, empieza a llegar al Esla, al Yuso y al Orza, en lo que ya es una situación preocupante para el medio ambiente de la provincia. Aunque la Confederación Hidrográfica del Duero y la Junta han actuado de común acuerdo y con gran diligencia, es necesario redoblar los esfuerzos para que la amenaza que se cierne sobre tramos concretos no se extienda sin control desde la cabecera de los ríos hasta su desembocadura. Los ríos son una de las señas de identidad de León. Sus cotos son reconocidos como algunos de los mejores de España y de Europa, como lo prueba la continua presencia, año tras año, de pescadores de varios países. Las medidas estrictas que se han puesto en marcha en el Porma, dejando sin efecto los permisos para cotos durante toda la temporada, muestra hasta qué punto se trata de una situación excepcional. León tiene un gran potencial en sus ríos trucheros, que está claro que no ha sabido explotar desde el punto de vista turístico, con rutas que aprovechen sus mejores tramos, o la rica gastronomía de la Montaña de León. De eso todavía hay tiempo. Ahora, es necesario actuar de manera contundente para que un problema puntual y muy concreto no termine por acabar con una de las señas de identidad de León. Las medidas, en este caso, deben ser todo lo estrictas que los técnicos digan, sin la más mínima concesión. Así está siendo, como es también digno de elogio la actitud de los pescadores que, ante las primeras alarmas, han tomado una posición de responsabilidad, asumiendo que es mejor no pescar un año que perder un río para muchas décadas.

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