La afición berciana nunca falla. Ayer volvió a dar una lección de apoyo al equipo desde el pitido inicial hasta el final, sufriendo en los momentos en que el Jaén apretaba y vibrando cuando llegaron los goles blanquiazules. DANIEL
Jorge Callado / Ponferrada
Imposible colarse en la zona vip. Era el principal objetivo para tomar una cervecita y unos pinchitos con la ‘jetsete’ del palco, pero claro no llevaba esa cara de político en plena campaña electoral por no se qué de unas Europeas y me cazaron. El presidente Fernández Nieto respiraba al descanso después de esa cabeza de oro de De Paula. Mientras, parecía que esas desconocidas eleccionesse tomaban un descanso en El Toralín después de que el culé Zapatero pasara el sábado por Ponferrada sin tiempo para hacer hueco en su agenda para poder disfrutar de otro de sus equipos, la Ponferradina. Y en el palco estaba Antonio Silván. El consejero de Fomento se vio obligado a dejar su fiel asiento del Reino de León para acudir al palco para disfrutar de su segundo equipo, pero se le veía muy formal, muy en su papel. Y como no, como dice mi amigo ‘Ramonín’ Diez. También estaba el primer representante de todos los bercianos, el presidente del consejo Comarcal, José Luis Ramón, al que, por cierto, le eché de menos una bufanda o una camiseta blanquiazul, bueno lo eché de menos en todo el palco. Dichoso protocolo, nadie a juego con el resto de una impresionante grada.
Y como mandan la norma, el alcalde de Ponferrada, Carlos López Riesco, estaba a la izquierda del presidente y la diestra de Silván. Fumaba y fumaba el día después del día sin tabaco mientras que José María López Benito diputado de Deportes también cumplía con su papel de político resignado culturalista junto a su antecesor, Enrique Gil, que aprovechó el espectáculo del fútbol para desconectar de la pesadilla que tiene con su equipo del San José.
José Jiménez, senador socialista por el Bierzo mantenía su fidelidad a los colores blanquiazules y quizá (no me pude enterar) tenía la misión de informar al Presidente del resultado final. Un palco a rebosar, como el estadio y un ambiente de fútbol ya habitual en estas fechas. Y por cierto, tengo que dejar esta crónica social, porque me voy a quedar sin pupitre ya que mis compis no dejan de arremeter con la madera cada vez que la Ponfe falla una ocasión para rematar el partido. Espero volver en quince días.