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EL CASTRO / Eduardo Bajo

Muerte en la vicaría

Un misterio realmente intrincado que sólo es capaz de averiguar el lector más avezado, pues se trata de una novela de Agatha Christie, la escritora inglesa que a los cien años, como Victoriano Crémer, seguía escribiendo. Pero se me ha debido ir el santo al cielo, porque no era mi intención hablar de literatura ni de esta extraña muerte, sino de otra cosa. “La muerte de un ciclista”. Una película de Bardem, de los años 50, protagonizada por Alberto Closas y la enigmática Lucía Bosé. Una obra genial del cine español de la que te privarán el cine y la televisión, enfrascadas en lo comercial, la vulgaridad y la falta de talento en el cine español, diga lo que diga la Academia y los académicos. Por tanto te recomiendo que la descargues de la red. Vale la pena. Pero me he vuelto a extraviar pues no pretendía hablar de cine, ni del anónimo ciclista atropellado y muerto por la Bosé. Un pequeño incidente que provoca la corrosión en las vidas y sentimientos de estos adúlteros amantes.
Hablo, ahora sí, de la peregrina italiana de 34 años que fue arrollada y muerta por un vehículo, en la carretera N-120, a la altura de Villadangos del Páramo. Una mujer, como tantas otras personas ilusionadas, que emplean sus vacaciones para seguir el camino de la Vía Láctea. Que perdió la vida y no alcanzó el jubileo. Hablo también de los dos trabajadores que murieron días antes en el mismo sitio no por casualidad.
Y, mientras esto escribo al borde de una carretera ensangrentada, contemplo, a unas decenas de metros, la línea gris de una autopista de lujo por la que, de cuando en cuando, pasa algún vehículo.
Pero, volviendo al principio, como en las novelas de Agatha Christie me pregunto: ¿quién será la próxima víctima? ¿Quiénes son los culpables?

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