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HISTORIAS DE AQUÍ

El cuarto leonés en la lista de Videla

Una investigación en Galicia permite conocer la terrible historia de Alfredo Valcarce Soto

Fotos de desaparecidos en la dictadura argentina en uno de aquellos grandes carteles que se hicieron años más tarde para reivindicar su memoria y tratar de buscar algún dato.

Manuel C. Cachafeiro / León
Hasta ahora sólo se tenía constancia de tres leoneses desaparecidos en la dictadura argentina.Dos hijos de emigrantes: Eusebio Mouriño y Armando Prieto, éste último descendiente de San Andrés de los Puentes, cerca de Torre del Bierzo. La tercera víctima era la única leonesa de nacimiento, María Guadalupe del Reguero (Rabanal de Laciana, 1924).
No es fácil buscar el rastro en la provincia de gentes que un día dejaron todo para buscarse la vida al otro lado del Atlántico. De hecho, de los tres casos, apenas se conocen detalles de sus vidas. En sus pueblos de origen tampoco quedan familiares y los datos de sus detecciones son siempre confusos. Nadie sabe qué fue de ellos. Ni de Eusebio, Armando y Guadalupe, ni de los miles de argentinos que desaparecieron bajo la dictadura que asoló el país sudamericano entre 1976 y 1983. Según la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, creada al final de la dictadura por el gobierno constitucional de Raúl Alfonsín, el número de desaparecidos —de acuerdo a la cantidad de denuncias judiciales presentadas por víctimas y familiares— fue de 8.961 personas. Sin embargo, para las Madres de Plaza de Mayo y organizaciones de derechos humanos, fueron más de 30.000 los casos de personas que un día no volvieron a sus casas.
Gracias ahora a la investigación del periodista Lois Pérez Leira, que última un libro sobre los gallegos que murieron bajo el régimen militar argentino, es posible rescatar del olvido un nuevo nombre leonés, el de Alfredo Valcarce Soto.
Alfredo era hijo de un matrimonio de Vega de Valcarce, en la frontera entre el Bierzo y Galicia, y tenía24 años cuando desapareció en Buenos Aires. Según el rastro de Lois Pérez Leira, estaba casado con Angela Angelini y tenía dos hijos, de 7 meses y dos años. “Era obrero y tenía relación con el gremio de la fábrica donde trabajaba, las Cristalerías Rígolleau, pero no tenía otra participación política”, comenta en el libro que prepara este escritor argentino residente en Vigo.
Pérez Leira espera que la difusión del caso le ayude a localizar nuevos datos sobre Alfredo, del que sólo conoce que sus padres eran de Laballós, casi al pie de Cebreiro. Su madre se llamaba Adelina Soto y su padre, Alfredo como él.
El 3 de abril de 1977, según el testimonio de su mujer recogido en el libro de Pérez Leira, unos hombres llegaron a su casa preguntando por él. Alfredo estaba trabajando en el turno de noche.Según su esposa, sólo preguntaron alegando que estaban controlando el barrio. Nunca más se supo de él. “Valcarce trabajaba en la cristalería Rigolleau y hasta allí se dirigieron los represores para avisar que su hijo estaba enfermo. Esto fue una artimaña para que Valcarce fuera a su casa y así el secuestro pudiera concretarse”, asegura Pérez Loira.
Su mujer, según la investigación de Pérez Loira, dijo ante los jueces que “a nivel oficial” nunca supo del destino de su marido. Sólo se enteró que un ex detenido de apellido Farías estuvo con él en un centro clandestino que podría ser el “Pozo de Bánfield”.“Infinidad de veces”, según le dijo también, acudió al ex secretario del Vicariato Castrense de la Armada, Monseñor Emilio Graselli, quien recibía a familiares de desaparecidos. Siempre recibió la misma respuesta: “En cualquier momento lo tenés de vuelta por tu casa”.
Durante la dictadura militar, el “Pozo de Banfield” funcionó como centro clandestino de detención de la Brigada de Seguridad, Investigaciones e Inteligencia de la Policía Provincial de Buenos Aires. Su nombre, como otras depedencias militares, estará siempre ligado a dos palabras: tortura y muerte.
La historia de Guadalupe, Armando o Eusebio, es igual de aterradora. Sus datos apenas se resumen en el Habeas Corpus, la ficha que se presenta en una denuncia por desaparición.
Guadalupe fue secuestrada en Buenos Aires por 12 hombres no identificados el 28 de diciembre de 1977 junto a su marido y su hijo, de 26 años, que sería liberado la noche siguiente.
Eusebio Jesús Mouriño González era de ascendencia leonesa por parte materna. Su madre, Josefa González, nació en León y emigró a Buenos Aires. Su padre era de origen gallego. Abogado de profesión, estaba casado y desapareció el 25 de noviembre de 1976 en la calle Italia y Dean Funes del distrito de Florida, en Buenos Aires. «Le identificaron, fue secuestrado y desapareció», escribió Rubén Cacuzza, ex decano del Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján, en la página web que recoge el listado de desaparecidos durante la dictadura argentina.
Armando Prieto Alonso, el tercero de la lista leonesa hasta ahora, era hijo de un matrimonio leonés de San Andrés de los Puentes. Obrero de profesión, su único ‘pecado’ fue ser aficionado al teatro. Muy poco se sabe de las circunstancias de su desaparición.Apenas el día, el 21 de julio de 1976.
Su padre había muerto ya cuando desapareció. Su madre, María del Carmen Alonso de Prieto, residía en Buenos Aires y durante mucho tiempo se relacionó con la Comisión de Desaparecidos Españoles, según recuerda su presidenta, María Consuelo Castaño.
En San Andrés de los Puentes algunos vecinos recuerdan haber oído hablar del caso, «pero fue gente que nunca volvió de Argentina», comenta un vecino.
Lois Pérez Leira busca ahora datos de Alfredo Valcarce Soto para rescatar delolvido a personas a las que la mayor de las injusticias llevó por delante un día que nunca se puede olvidar.

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