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NUEVOS TIEMPOS

Omaña: La lucha ahora es sobrevivir

La calle Santa Cruz fue comercial. La construcción también se fijó. Hoy en cambio, todos abandonan.

Una vecina de Inicio, con una bonita foto de nieve. MAURICIO PEÑA

Manuel C. Cachafeiro / León
Tina Quintana fue una de aquellas mujeres que luchó contra la construcción del pantano de Omaña. Hace tres meses la edad no le perdonó. Murió, pero su recuerdo sigue presente a cada instante en su hija, Lola Pérez Quintana. En su casa de La Velilla, en Omaña, donde también vivió su madre, conserva los recortes de una batalla muy larga que acabó con la renuncia del Gobierno de Felipe González a construir un nuevo embalse en León después del desencanto que supuso para la provincia la puesta en funcionamiento de Riaño. Eso fue ya hace una década. Omaña no se hizo y el entonces Ministerio de Obras Públicas optó por su novedoso sistema para elevar el agua del Esla en Villalobar.
Lola recuerda aquel tiempo como “una amenaza que nos aterraba”. “Mi madre luchó mucho, en frente de casa teníamos una pancarta con el ‘no’ al pantano”.
Lola vivió muchos años en León, hasta que un día decidió volver al pueblo. La Velilla sigue en pie. Muchas casas se han rehabilitado desde que se supo que el pantano no se haría, aunque apenas son cinco vecinos en invierno. “En verano se llena. Yo vivo aquí todo el año. Tenemos una buena carretera. Si nos ponemos malos viene la ambulancia, hasta el helicóptero si hace falta. No nos podemos quejar de nada”, asegura con el orgullo de quien no quiere irse de la tierra de sus padres.
La Velilla es un pueblo recuperado, pero por sus calles apenas pasa nadie. Muchos camiones por la carretera nueva, pero pocos coches por el pueblo. “Todo lo que tu quieras, pero aquí no hay forma de ganarse la vida”, dice otro vecino.
El pantano de Omaña propuso anegar hasta ocho pueblos. A unos estaba previsto que el agua alcanzara algunas casas. Otros, como a La Velilla, Trascastro de Luna e Inicio, el proyecto estuvo a punto de llevárselos al fondo del pantano. Y todo por su situación en la parte baja del río Omaña, a las puertas ya de La Garandilla, donde se levantaría el muro del embalse en la llamada Peña Negra, en un bonito meandro que hace un río donde aún se pueden ver las truchas.
El embalse de Omaña fue diseñado para recogerhasta 200 millones de metros cúbicos y poder regar más de30.000 hectáreas en el Páramo Bajo leonés y el norte de Zamora. Según el proyecto, de 1993, las expropiaciones afectarían a más de 1.000 hectáreas de terreno en Omaña. El presupuesto de ejecución inicial de la presa, que tendría una cota máxima de 1..046 metros, ascendió a 3.864 millones de pesetas de la época.
Aquella batalla es hoy historia. Sólo ahora, al plantear la Confederación Hidrográfica del Duero un estudio para completar la alternativa que ya funciona desde hace una década, la elevación del cauce del Esla en Villalobar, Omaña ha vuelto a la actualidad.
Los omañeses son gente dura. Ya lo dijeron los romanos cuando les llamaron “homus manium” (hombres dioses), por su dureza y resistencia. La gente vive muchos años. Unos dicen que es por la tranquilidad; otros por el aire limpio que se disfruta. Florentino González es de los que no quiere decir cuántos años tiene. “Más de 90”. Y ahí se queda mientras abre la puerta de su casa. Toda la vida se dedicó al ganado y la agricultura para sacar a sus hijos adelante. Vive en Trascastro de Luna y aún hoy, a su edad, sale con su guadaña al hombro para evitar que las hierbas se apoderen de sus fincas. “Aquí he vivido toda la vida, y tan feliz”, dice con una sonrisa de oreja a oreja.
Trascastro, como tantos y tantos pueblos de Omaña, es un paraje muy bello. Tiene un río cristalino y un frondoso paisaje de bosques. La arquitectura popular se resiste a caer y muchas casas viven una segunda juventud gracias a los descendientes del pueblo y algunos enamorados de la comarca que han rehabilitado viejos pajares. En algunas hay carteles de ‘se vende’, algo que se repite en muchos pueblos de la comarca. El mal es el mismo: son muy pocos vecinos
Los pueblos de Omaña, sobre todo gracias a las ayudas europeas, es una comarca de gran encanto. Siempre lo tuvo, pero ahora más. La carretera desde Riello a la Garandilla, y su continuación hacia Astorga y Tremor, es una buena prueba de ese gran esfuerzo económico realizado. Ahora pasan camiones. “Dicen que vienen de las minas del Bierzo y Laciana”, comenta Lola. Entusiasta de Omaña. Una comarca que se resiste a morir, primero por la amenaza del pantano y ahora por falta de gente, aunque sus casas sigan en pie.

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