La Ponferradina confía en su buen momento para doblegar al Jaén
J. Santiago / J. Callado / Linares
Enviados especiales
Cada uno afronta las horas previas como puede. El equipo las afronta en Linares, a un paso de la plaza de toros donde ‘Islero’ y Manolete se partieron el alma mutuamente. Allí, en una ciudad de corazón minero e industrial como Ponferrada, la Deportiva consume el tiempo, preparada para afrontar el penúltimo obstáculo en el interminable camino hacia Segunda División.
Nadie podrá empezar a sacudir la tensión hasta las nueve de la noche, la hora de la verdad. El día es demasiado largo, casi tanto como esta fase de ascenso que parece no terminar nunca. Y, sin embargo, todo el mundo desea alargar este periodo de pasión. Cuanto más se extienda, cuanto más lejos lleguen los sufrimientos y las pasiones, más cerca estará el objetivo.
A estas alturas, la batalla es tan psicológica como física. Por eso, en los últimos días han pesado más las palabras que los hechos. Las manifestaciones de Carlos Terrazas han eclipsado las conclusiones frías que pudiera haber arrojado el partido de ida. Y el espíritu enloquecido del ‘playoff’ ha vuelto a dejar en ridículo cualquier análisis frío.
A pesar de todo, hay algunas cosas que son evidentes. Por ejemplo: la Deportiva está en un momento alegre. La ciudad deportiva del Atlético de Madrid puede dar testimonio de ello. Allí se celebró ayer el último entrenamiento del equipo, en medio de un ambiente todo lo distendido y relajado que puede ser cuando un grupo de contrastados profesionales sabe lo que se juega.
La Ponferradina se ha reivindicado en los tres últimos partidos. Llegó a la fase de ascenso salpicada por las dudas que arrojó su irregularidad a lo largo de la Liga, pero en seguida desplegó todos los argumentos que, a la espera de lo que pase esta noche, le permiten presentar con firmeza su candidatura para regresar a la elite. La eliminatoria contra el Poli Ejido y el partido de ida del duelo contra el Jaén reflejaron todas las credenciales de un equipo ambicioso, serio y optimista.
Pero nada de eso tiene importancia cuando faltan apenas unas horas para que llegue otro momento decisivo. El sueño del ascenso pasa por el estadio de La Victoria. Allí, no servirá otra cosa que un nuevo día grande y blanquiazul para doblegar a un Real Jaén que en El Toralín dejó su huella de equipo firme, bien trabajado y muy capaz de hacer daño en el área contraria. Se fue con una derrota, pero con un gol que reduce al mínimo la ventaja berciana.
Rediseñar el ‘once’
El cuerpo técnico de la Ponferradina tendrá que rediseñar su ‘once’. Fuentes se quedó en Ponferrada por sanción y, finalmente, Aitor no podrá participar. Con esas ausencias, el lateral izquierdo será para Candela y el derecho para Pepe. Queda un hueco en el centro de la zaga, que será ocupado por Bornes o Povedano. Tampoco viajaron el lesionado Nacho y Portilla y Platero, junto al canterano Rubén Alba.
En Jaén, la base blanquiazul estará representada por David Álvarez e Ivi. Al menos uno de ellos ocupará plaza de banquillo en La Victoria. Y eso, en un encuentro de este tipo, supone estar en la antesala del protagonismo. Que se lo digan a Bornes, que en la ida pasó de estar destinado a la grada a ejercer como baluarte defensivo.
Por su parte, el rival recupera Íñigo Ros, pieza clave en la estructura de Terrazas. El resto de sus pilares básicos están disponibles, como en el primer acto de la eliminatoria.
En las gradas, el ambiente está garantizado. Jaén sueña con el ascenso casi tanto como Ponferrada y su estadio va camino del lleno. A ello contribuirán los 500 bercianos que llevarán en sus gargantas y sus corazones el espíritu de El Toralín. Ambas aficiones representan fiel mente el espíritu de dos equipos que hoy encaran el penúltimo obstáculo hacia el ascenso. El que gane, estará ya a sólo un paso de la categoría de plata, esa que espera a la Deportiva desde hace dos años.