Entre la hojarasca de titulares y sesudos artículos de por qué ha ganado éste y perdido aquél. Entre las atinadas explicaciones de por qué las encuestas cada vez son más “en cuesta” y no dan una. Que cuentan lo que quiere oír el que la paga y cuando nos preguntan a los españoles, sin distinción de autonomías, mentimos más que un tratante armenio de caballos. Entre el Barça y Florentino, entre las estupideces de la Pajín, a 20.000 euros la ocurrencia, seguirán las noticias de aquí.
En julio del año pasado, la Comisión Provincial de Patrimonio autorizaba la construcción de un edificio en el solar del antiguo castro Coviacense, origen no sólo de Valencia de Don Juan, sino también de su nombre, Coyanza. Daba la autorización desoyendo a quienes decían que era una barbaridad, que se iban a cargar un yacimiento arqueológico importante. Pues bien, ya se lo han cargado. Ahora que les han pillado porque las escombreras donde tiraron el desmonte del solar están llenas de restos arqueológicos, dan marcha atrás. ¿Va la Comisión Provincial a colocar otra vez las plumas a la gallina? ¿Va a reponer los restos en su sitio?
¿Van a tomarse en serio el cruce de Villadangos? El que mueran tres personas en una semana no debe ser más que una puñetera estadística que hace que la mejora de la rotonda, haciéndola a diferente altura, la colocación de carteles anunciando ese importante punto negro, la necesidad de protección de los peregrinos que hacen la Ruta Jacobea,… no tienen el suficiente interés para el director general de Carreteras del Ministerio de Fomento que llega a decir que “la N-120 actualmente está suficientemente permeabilizada” a su paso por la localidad, especialmente a la altura del polígono. Otro que ahí sigue, “impermeabilizao”.