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UNA IMAGEN Y 222 PALABRAS


Esos locos
geniales

El ajedrez vivía (en España) en el cuarto oscuro de las rarezas de intelectuales y bohemios. Gentes sin prisa, no en vano antes de instalar el reloj se cuenta que Henry Buckle redactó dos capítulos de su ‘History of Civilization in England’ mientras su contrincante pensaba una jugada.

Hasta que llegó Boby Fischer y convirtió su partida contra Spassky en una guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, las partidas que se creían de caballeros en un espectáculo en el que llegaba tarde, insultaba a la prensa, y entre jugada y jugada, se comía las uñas, se limpiaba los oídos y se sacaba los mocos. Su locura, sus apariciones como un mendigo, su muerte joven completaron una leyenda que puso morbo y luz en aquel cuarto oscuro. Y supimos que Karpov te miraba como para hipnotizarte, que Capablanca perdió 7 kilos en una partida, que Lasker encendió un habano para desesperación de Nimzovich, que Korchnoi come chocolatinas, que Alekhine murió en la miseria ante un tablero de ajedrez, que Torre prefería hacer del ajedrez un arte que vencer...

Siempre esperamos algo diferente de un torneo. Una anécdota o una histeria, una genialidad. EI vanchuck no nos decepciona y como un niño tímido y patriota coloca la mano en el pecho y mantiene la Catedral leonesa en el aire y la magia. La del ajedrez.

df
Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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