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HISTORIAS DE AQUÍ

Coyanza volvería a decir: no

Ni el alcalde que se negó, ni el actual, creen que la central nuclear hubiera sido el futuro de Valencia de Don Juan.

Protestas de 1976

Manuel C. Cachafeiro / León
Los alcaldes de los municipios españoles con centrales nucleares han apostado esta semana por la continuidad de Garoña, uniéndose así a la posición de la Junta de Castilla y León y los empresarios de Burgos y amparándose en el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear para que siga funcionando una década más. Según el alcalde de Valle de Tobalina (municipio burgalés en el que se encuadra la población de Santa María de Garoña), Rafael González Mediavilla, el posible cierre que baraja el Gobierno de Zapatero puede destruir un millar de empleos, entre directos e indirectos.
Valencia de Don Juan tenía en 1975 apenas 8 millones de las antiguas pesetas de presupuesto. La contestación a una posible central nuclear fue total desde que saltó la primera chispa. José María Alonso Alcón, alcalde coyantino entre febrero y octubre de 1975 y hoy en las filas del PSOE como concejal independiente, recuerda que no fue fácil oponerse al proyecto, y más en aquella época del final del franquismo. “Tuve muchas presiones del gobernador y el presidente de la Diputación, pero el pueblo no la quería”, recuerda.
Garoña, Ascó, Trillo... son pueblos hoy ‘ricos’. Cuando nadie disponía de circuito cerrado de televisión, en Ascó, provincia de Tarragona, ya lo tenían. Todos disponen de infraestructuras, pabellones, canchas de tenis... Y lo mismo pasa en Garoña. La central nuclear es el motor del municipio, aunque la página web oficial del valle de Tobalina se quede en los años 60 del siglo pasado a la hora de hablar de estas tierras del norte de la provincia de Burgos. “La despoblación de todo el Valle durante los años 60-70 del siglo pasado nos manifiestan una realidad en proceso de profundo declive”.
¿Pudo ser rentable para Valencia de Don Juan una central nuclear? José María Alonso Alcón admite que hubiera traído consigo importantes ingresos y el cobro del IBI de la central, “pero es que nadie la quería, ni la queremos, ni la querrán en el futuro”, insiste.
Juan Martínez Majo (PP), actual alcalde de Valencia de Don Juan, afirma con rotundidad que el tema es ya historia y sólo historia. De hecho, el Ayuntamiento coyantino aprobó en 1995 una moción por unanimidad para declararse como “zona no nuclear”, decisión que fue derogada por el entonces Gobierno Civil, al entender que esa figura no existía en el régimen jurídico español.
Es verdad también que en 1975 nadie se imaginaba el desarrollo que tres décadas después tendría Valencia de Don Juan. “Aquella protesta también fue una respuesta de entusiasmo, porque la gente estaba acostumbrada a decir sí como ovejas a cualquier decisión”, sostiene Alonso Alcón.
La construcción de Garoña, aprovechando un meandro del río Ebro, ha servido para que la comarca de Las Merindades y localidades como Espinosa de los Monteros, Frías, Medina de Pomar, Oña, Poza de la Sal, Sobrón o Trespaderne se hayan convertido en pueblos “con uno de los mayores dinamismos económicos de la provincia de Burgos”, según un informe hecho público en mayo de 2008 por un equipo de investigación de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Burgos. El proyecto de la central nuclear castellana es anterior al de Valencia de Don Juan. Una década antes, el 17 de agosto de 1963, la empresa Nuclenor ya obtuvo la autorización para la construcción de la que sería la primera central nuclear en España. El proyecto se había presentado en 1958 en la Delegación de Industria de Burgos. Siete años después, en 1965, fue seleccionado, entre las propuestas presentadas al concurso internacional. Garoña fue la mayor central nuclear de su clase.
El 2 de mayo de 1975, un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia sembró el desconcierto en el sur de León, al solicitar la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa) y la Empresa Nacional Hidroeléctrica de Ribagorzana (Enher) una autorización administrativa para construir una central nuclear a 4,6 kilómetros al sur de la ciudad coyantina.
Alonso Alcón fue precisamente la persona que encabezó el escrito vecinal contra el reactor nuclear, valorado entonces en 20.000 millones de pesetas, y que dio paso a protestas y manifestaciones. El 11 de mayo, un día después de la reunión de 60 alcaldes del sur de leonés, se produjo una multitudinaria manifestación no autorizada por el gobernador, Francisco Laína. Días más tarde, una nueva protesta acabó con varios heridos. La historia sigue en la retina de los coyantinos, pero nadie se imagina un Valencia de Don Juan con central nuclear.

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