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EL FUTURO DE LEÓN

"El mayor patrimonio de una copeerativa es la fidelidad de sus socios"

¿El cooperativismo es el futuro? Cabreros del Río es un pueblo del sur de León donde muchos de sus vecinos son socios de la cooperativa de Ugal. La lucha contra los intermediarios no es fácil. Y no todos piensan que es la solución.

Manuel C. Cachafeiro León
E n la tienda de la gasolinera de Ugal en Cabreros del Río hay veces que llegan kilos y kilos de naranjas. Cuando las cooperativas tienen excedentes, los socios también ayudan consumiendo determinados productos. La ley suprema del cooperativista es que la unión hace la fuerza, y así se entiende en este pueblo leonés, donde la mayor parte de la población pertenece a la cooperativa impulsada por el histórico líder agrario Matías Llorente.
Ucogal, Unión Comercial de Agricultores y Ganaderos de León, tiene 586 socios. No todos viven en Cabreros. “Hay gente del Páramo, del Órbigo..., aunque es verdad que la mayor parte de nuestros socios son de esta zona”, comenta Matías Llorente.
En la nave principal de la cooperativa en Cabreros un gran cartel ya lo deja claro: “Sin intermediarios”. El gran culpable de los precios bajos de los agricultores no existe en Cabreros. El maíz, los cereales o el forraje se venden sin su participación, como se compra para todos al por mayor fertilizantes o se comparte la maquinaria, imposible de rentabilizar a nivel individual. Ésa es la fuerza. La unión frente al pez grande.
Salvo la remolacha y la alfalfa, el resto de productos de Ucogal se comercializan a través de Agropecuaria Navarra, una de las grandes cooperativas de España, con la que tienen firmado un contrato “con buenos precios”, según Llorente.
Matías no sólo es el impulsor de la cooperativa. Es también el alcalde de Cabreros. Con 520 habitantes, el pueblo tiene la mayor parte de las casas reformadas, señal también de su prosperidad. En sus calles se ven aparcados muchos tractores, algunos con remolques de primera tecnología para plantar o abonar, una prueba más de que a los agricultores de esta zona del sur de León no les va mal con el campo.
Las cooperativas agroalimentarias cuentan actualmente con 50.000 socios en la Comunidad,según Urcacyl, la principal asociación que las integra en Castilla y León. El movimiento cooperativista es tan importante que Castilla y León cuenta con el 25 por ciento de las cooperativas de España, 1.049, que dan empleo a 2.575 trabajadores y facturan 1.800 millones de euros anuales. “Las cooperativas constituyen una buen herramienta para corregir las grandes diferencias entre lo que percibe un productor y lo que paga un consumidor, ya que evitan que los intermediarios se queden con todo el valor añadido”, señala la consejera de Agricultura, Silvia Clemente.
Sin embargo, no todo es bueno al hablar de cooperativas. En el Bierzo, durante muchos años, la producción de vino estuvo concentrada en torno al movimiento cooperativo y eso implicó que algunas decisiones sobre nuevas marcas o inversiones en bodegas no se llegaran a concretar por falta de apoyo entre los socios.
Matías Llorente ha sido un gran defensor del cooperativismo desde siempre. Cree que ahora, en tiempos de crisis, “es más todavíala mejor forma de sobrevivir”. “Es el modelo más justo para el campo, pero implica ser solidario, anteponer los intereses colectivos a los personales”.
Cabreros del Río cuenta, gracias a la cooperativa, con una planta de transformación, una gasolinera y una tienda donde se venden productos del campo leonés y de otras cooperativas. Se nota que es un pueblo que tiene vida. La mayoría de las tierras están trabajadas y los jóvenes del pueblo han tomado el testigo de sus padres. “Muchos son agricultores. Es decir, no se han ido”, comenta Llorente, para quien la formación es la mejor inversión a la hora de hablar de nuevos agricultores.
En una de sus últimas reuniones, el Consejo Económico y Social (CES) de Castilla y León considera “muy adecuada” la creación de un distribuidor regional de los productos agroalimentarios castellanos y leoneses, con la implicación de las cajas de ahorro.Así aparece recogido en el Informe Previo sobre el Plan Integral Agrario para el Desarrollo Rural de Castilla y León 2007-2013, al que tuvo acceso la agencia Ical. El órgano consultivo también recomienda a la Junta que ponga en marcha actuaciones que abarquen al sector agrario en su conjunto para lograr la “viabilidad social y económica de las explotaciones” y la “reducción de costes y márgenes comerciales de la cadena de distribución”. El reto, según el texto del CES, es “hacer más atractivo el sector agrario”. En otras palabras, más cooperativismo.
José Antonio Turrado, líder de Asaja, la otra gran organización de León, no lo ve tan claro. “Es un tema muy complejo. Está claro que sería la solución ideal. Sin embargo, en la práctica no funciona”, afirma. Turrado ve así el cooperativismo por la dificultades que tiene muchas veces gestionar una cooperativa. “A veces tienen mucho personal, porque las directivas cesan a los cuatro años y meten a los amigotes”, añade.
Asaja defiende una agricultura que sea rentable como sector primario. “Así debería ser. La cooperativa debería ser un valor añadido en la cuenta de resultados, un complemento, pero no el medio para hacer rentable una explotación”.¿Y hay alternativas?. Turrado quiere pensar que sí, aunque también reconoce las dificultades. Dificultades como la falta de competencia entre las empresas, que es lo que ahora pasa con la leche. En la montaña de León sólo hay una empresa y eso implica que paga lo que quiere, mientras en Valencia de Don Juan la competencia de tres está beneficiando a los ganaderos.
Las cooperativas pueden acabar con los intermediarios, pero el mundo de la agricultura tiene otros caballos de batalla. Es el caso de la distribución. Según Turrado, las grandes cadenas de hipermercados están imponiendo precios bajos sin posibilidad de buscar alternativas para colocar los productos en la cesta del consumidor. No son los intermediarios ya. Son las propias tiendas las que tienen la sartén por el mango.
Pero no está todo inventado. La organización agraria UPA estudia desde hace meses la viabilidad, tanto normativa como comercial, de vender leche en máquinas expendedoras. Se trata de venta directa al consumidor a través de estas máquinas, situadas en las propias fincas, cooperativas o en espacios públicos como mercados, lo que permitiría una ganancia extra para el ganadero y una rebaja de precios para los consumidores. En España ya están en varias comunidades. Conclusión: el futuro pasa porque el pez grande no se coma al chico.

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