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MEMORIA HISTÓRICA

“Sólo quiero enterrar a mi padre con mi madre”

Tomás, un leonés de Destriana, ha esperado 73 años. Esta semana, con sus propias manos, ha ayudado a rescatar el cuerpo de su padre de una fosa cerca de Benavente

Manuel C. Cachafeiro
Santa Marta de Tera (Zamora)
T omás está cerca de lograr un sueño para el que ha esperado 73 años. Encontrar los restos de su padre. La historia se ha repetido esta semana, una vez más, en Santa Marta de Tera, Zamora, donde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha abierto una fosa donde se cree que fueron enterrados cuatro vecinos de Benavente y otros tantos de Destriana.
Sin embargo, no es una más. Por primera vez en España, un juez, en este caso una jueza, ha autorizado una exhumación después de que el juez Baltasar Garzón se inhibiera de la causa del franquismo en la Audiencia Nacional y la remitiera a los juzgados territoriales.
La fosa donde se cree que están los huesos, entre otros de Baltasar Carbajo —padre de Tomás—, se encuentra situada junto a la iglesia de Santa Marta de Tera, a los pies de la puerta del cementerio. Durante toda la semana, un equipo de la ARMH ha trabajado intensamente en su recuperación.
Los cuatro leoneses fueron detenidos el día 22 de agosto de 1936 en su pueblo de Destriana. Después de ser subidos en un camión, y tras pasar varias horas en La Bañeza, se cree que fueron asesinados al atardecer en un paraje del término municipal de Jiménez de Jamuz conocido como los Corrales de la Gándara. “Desde ese lugar fueron trasladados hasta Camarzana de Tera, donde el alcalde de la localidad ordenó que fueran enterrados en el atrio de la iglesia de Santa Marta”, explica Santiago Macías, de la ARMH, presente toda esta semana en Santa Marta de Tera.
Baltasar Carbajo Vidales, el padre de Tomás, participó en la creación de la comunidad de regantes de Destriana y, como la mayoría de sus compañeros represaliados, militó en la Sociedad de Trabajadores de la Tierra. Aquel 22 de agosto de 1936, a primera de la mañana, fue detenido en presencia de su madre y de su hermana Nieves. Tenía 28 años.
Su cadáver es reclamado ahora por sus hijos y una hermana que aún vive. Tomás supo que estaba en Zamora gracias a un certificado de fallecimiento que tuvo que pedir su madre cuando se casó en segundas nupcias.
El acceso a la fosa ha estado prohibido, salvo para los familiares y el equipo que se ha encargado de los trabajos, compuesto por dos arqueólogos de la ARMH, un psicólogo y un voluntario de la misma asociación.
Tomás no se ha conformado con mirar. La tarde del miércoles, según reflejó Santiago Macías en su blog, llegó a Santa Marta de Tera desde Destriana enfundado en un mono azul, dispuesto a apartar la tierra de lo que pueden ser los restos de su padre. “Tengo 76 años, pero aún puedo trabajar —escribió en el diario de Santiago Macías—. Estoy ayudando a sacar los restos del que puede ser mi padre, pero lo haría igual si fuera el de otro. Me he emocionado pero no me ha dado pena, he sentido que estaba haciendo lo que se debe hacer. Yo tenía tres años cuando se llevaron a mi padre y mi hermana nació tres semanas después de que lo mataran. Lo peor fue el primer día, que parecía que no encontraban nada y nos fuimos un poco desilusionados. La juez también estaba nerviosa, pero hoy estamos todos muy contentos porque parece que están aquí, en estos tres cráneos que hemos encontrado. La juez es estupenda. Nunca había visto un juez así, está muy preocupada por nosotros. A ver si se animan más jueces, que vean que no pasa nada, que las fosas se abren, la gente se lleva a los suyos, y no hay de qué tener miedo. A mi padre lo quiero llevar a enterrar con mi madre, en su pueblo, en Destriana”.
El jueves, a media mañana, Tomás volvió a Santa Marta. “Siempre quisimos sacar los restos para enterrarlos en el panteón de Destriana”, comentó a La Crónica. Su rostro, marcado por los años, reflejaba también la tranquilidad de quien ha llegado a ver en vida un sueño que siempre creyó imposible. “Los muertos deben estar en los cementerios. Todos, sin distinción”, insistía.
La fosa de Santa Marta de Tera está justo a la entrada del cementerio, junto a una antigua capilla que se derribó de adobe, fuera del camposanto. Alguien, según explica Macías, tuvo la “delicadeza” de volver a enterrar los huesos cuando se construyó el último panteón sobre el lugar donde fueron arrojados hace 73 años. “En lugar de dejarlos debajo de la sepultura, alguien los trasladó unos metros, que es donde los hemos encontrado”.

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