SECUNDINO PÉREZ
Secundino Pérez / León
Nació el día de la Comunidad de Castilla y León y diceque lo único que le mola de esa fecha es «que siempre puedo celebrar mi cumpleaños porque ese día es fiesta». Apenas fue a clase “estudiar, estudiar lo hice como tres días” y recuerda al detalle que “empecé parvulario, luego primero y enfermé del riñón, ahí tenía siete años”.Durante dos no se movió de la cama, y para qué iba estudiar si a su madre la decían que su hijo moriría en cualquier momento. A los nueve, visitó un médico de Barcelona y comenzó a mejorar. Seguía sin salir de casa, pero ya le llevaron una maestra que le enseñó a escribir.“Cuando ya casi no conocía ni el mundo”, a los trece años reanudó su andadura, matiza Mario López Manso. Mientras duró la enfermedad se dedicó a dibujar “siempre carboncillo, me gustaba copiar, no inventarme nada”. Con las primeras letras que aprendió escribió una novela de vaqueros y la ilustró.
Cuando llegó a la calle no conocía el mundo y sentía un poco de miedo. Vió unos anuncios en prensa que decían ‘aprenda kung-fu en siete días’, ilustrado “con unos cachitas”, recuerda . Su hermano Carlos compró un manual para entrenar con pesas, y más tarde con unos libros “malos que compramos, empezamos y formamos una asociación que llegó a tener cien socios entrenando en el Hispánico”. De allí pasó a las órdenes de Fernando Fernández en el Kárate-Club. Entonces, apenas se sabía del Kárate pero Mario nada más empezar soñó con llegar a campeón del mundo. Compaginó las artes marciales con el trabajo en la ebanistería de su padre. Llegó a ser subcampeón de katas de España por equiposy en Asturias y León, que era la federación regional, “lo fui todo” añade Mario que rememora cómo “lo más duro fue iral campeonato de España AEK en el 84; era una batalla campal, además de tenerte que pagar todos los gastos.Quedé entre los seis primeros y me llamaron para ir con la selección al campeonato del mundo del Cairo. No fui porque no quería que me mataran”.
El asma producido por el trabajo con la madera, le convertía el entrenamiento en un sufrimiento casi imposible de aguantar. “De 365 noches del año dormía la mitad, la otra mitad la pasaba asmático perdido muriéndome”. Fue entonces cuando sus amigos Luismi y Toni le ofrecieron ir con ellos al gimnasio Master 10 y empezó adirigir los entrenamientos de pesas. Ahora dieciocho años después ha instruido a más de 4.000 alumnos y entre ellosmás de 800personas, entre policías y guardias civiles,distribuidos por toda España, con los que mantiene relación “tengo amigos en todo España y se cosas confidenciales que nadie conoce”. Asegura que en los gimnasios el ambiente se hace dependiendo de quién esté allí, “tú eres un referente para todo, quizás por eso a mi gimnasio no van muchos cachitas”.
También tuvo su época de preparador de culturistas, que en el norte de España lo ganaron todo. “Entrenaba mucho y hacíamosmucho el bestia, ahora creo más en el deporte-salud que en el deporte-competición”. Considera que las mujeres y muchos hombres cuando entrenan “sólo quieren dejar su conciencia limpia para luego comerse una palmera” concluye el profesor.
Lee a Arturo Pérez Reverte en sus novelas, y en sus columnassiempre está de acuerdo con él. Los libros de Vázquez Figueroa figuran entre sus preferidos porque «leer ‘Tuareg’ cuando estaba en el hospital entre gente muy fastidiada me ayudó», pero la fotografía, ahora digital, que es su pasión como lo fue el carboncillo de pequeño, le deja poco tiempo. “Me gustaría retratar la vida cotidiana y ciertas cosas que pasan en la vida de León, de momento soy retratista y me encanta”.