Si se confirma que los restos aparecidos en el viejo caserón de la calle Dámaso Merino pertenecen al cuartel general de la Legio VII, conocido como los ‘Principia’, León habrá dado un paso más para componer el puzle de su pasado romano, tan apasionante como lleno de incógnitas. Pese a su origen, la capital leonesa no cuenta con una ruta que muestre todo el esplendor de aquella época. Lo romano ha quedado supeditado históricamente a los grandes monumentos de los siglos XII al XVII, léase San Isidoro, la Catedral y San Marcos. La ruta romana es un culebrón como el Guadiana, que aparece y desaparece, con la apertura y cierre de puntos claves de ese recorrido como las termas de la Catedral o los restos del anfiteatro en la calle Cascalería. Eso, por no hablar de qué ha pasado con la antigua casa de Víctor de los Ríos, junto al arco de la cárcel, en la plaza de Santo Martino, donde aún cuelga una gran malla verde y no han sido retirados los andamios de lo que fue la pretendida recuperación de un edificio emblemático como sede de esa ruta y un solar contiguo donde se puede ver la evolución constructiva de la muralla romana de León. Los ‘Principia’ serían el otro gran eje de ese proyectos museístico, como cuartel general de la Legio VII. Sin embargo, los restos aparecidos en el solar de la calle San Pelayo son el vivo ejemplo de qué pasa cuando se cruzan las batallas políticas de unos y otros, la burocracia administrativa y la falta de una visión global de lo que puede y debe ser la conservación del patrimonio de la ciudad. En una ciudad donde no hay grandes restos romanos –León no es Mérida–, al menos los ‘Principia’ se deberían conservar desde una óptica profana. Cinco años de espera es ya tiempo suficiente para tomar decisiones.