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UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO


Dónde la política
pudo con un bar

El Bodegón es uno de los nombres míticos de las tabernas leonesas y también la crónica de la única muerte en pleno éxito pues tuvo que cerrar cuando aún estaba lleno de clientes que acudían cada día a trasegar el vino, comer los callos y disfrutar de la cercanía y la buena conversación de los hermanos Sierra, Pepe y Eloy, dos dueños/camareros a la antigua usanza, de los de chaqueta blanca, lapicero en la oreja y paño en el brazo.

¿Y cómo lo cerraron en plena gloria?

Cosas de los políticos. Estaba El Bodegón a la sombra del palacio de los Guzmanes, sede de la Diputación, y se les metió en la quijotera a los padres de la provincia que necesitaban más espacio y tumbaron aquel bodegón para sus cosas.

Todavía vivía Franco.

Y así se cerró la historia de aquel lugar que abriera Pablo Fernández, el que también tuvo El León de Oro, uno de los primeros Café Concert (con las chicas topolino y aquellas cosas) que hubo en León. Y de él pasó a Pablo Gutiérrez, un indiano de Cármenes que regresó de ultramar con pasta. Las paredes del lugar tuvieron murales de Vela Zanetti, que casi todo lo cobró a diente, y esta tasca singular impresionó a Paco Umbral, quien escribió: “Cueva altamirana de la moderna pintura fue alguna vez este comedor don de ahora nos estamos tomando unos callos picantes con su pan y vino. En los días de diario esto se llena de aldeanos y labrantines, los domingos -la eterna historia- vienen a merendar los matrimonios”.

Hasta que los mató el antojo.

 
Ful
Fulgencio
Fernández

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Moisés de León, 49-bajo 24006 León (España)

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