En tiempo de crisis no hacer mudanza, afirma el refrán y ésta parece la norma seguida en la programación de las fiestas de San Juan. Pocos entenderían que con la actual crisis, unida a la ya veterana municipal, se hubiera hecho un dispendio presupuestario en actividades. Acortar los días y reducir presupuestos es obligatorio en estas circunstancias y todo se ha hecho sin detrimento de la calidad. Ciertamente no hay nada sobresaliente, a excepción de la fiesta taurina, en la que la presencia de Tomás y Perera ha colocado la feria leonesa en lo más alto del cartel nacional. La música no es para tirar cohetes, pero cumple su función y los espectáculos de calle han logrado hasta ahora entretener y hacer disfrutar de unas tardes y noches agradables con espectáculos de buen gusto y atracciones con sensibilidad hacia los más pequeños. Tampoco podemos engañarnos. Las fiestas de San Juan siempre han sido unas fiestas cuyo éxito o fracaso se medía en función del buen o mal tiempo que hiciera y esto es debido a que no han conseguido encontrar una personalidad propia basada en la tradición, en la participación popular o en la apuesta temática que las encumbrara dentro del amplísimo y variadísimo panorama festivo español. Desde hace unos años por parte de los distintos equipos de gobierno municipales se está apostando por engrandecer las fiestas de septiembre, de mayor arraigo popular y tradición campesina. Tal vez sea la solución y no hacer grandes dispendios por dotar a San Juan de mayor personalidad. Al fin y al cabo, es la fiesta del solsticio de verano y sólo será necesario un amplio y variado programa con el que sacar a la gente a la calle a disfrutar del buen tiempo y de la ciudad, sin mayores pretensiones.