El calor nos está desnudando a todos, pero ningún desnudo como el que protagonizaron, con motivo de la visita del ministro de Fomento don José Blanco (antiguamente conocido como Pepiño) al Bierzo, El senador y alcalde de Camponaraya don Antonio Canedo y el diputado y alcalde de Ponferrada don Carlos López Riesco, miembros fundadores, ambos, del llamado partido transversal, en un acto que rebasa los límites de lo perversamente correcto y, a la vez, melancólico; melancólico porque a partir de ahora, intuyo, se van a convertir en carnaza para enemigos rapaces.
Asomado, don Carlos, al balcón del Tribunal Supremo, como consecuencia de la denuncia de los mercenarios judiciales del Sindicato Manos Limpias y abanicándose con el sumario del ‘Caso Gürtel’, debido a la imputación en dicho sumario de su empresario favorito y de su colega Jesús Merino (les sugiero se informen qué empresa redactó el PGOU). La parte humana de esta historia es el afán de don Antonio en demostrar a todos que no es un juguete roto –políticamente hablando; en otros aspectos lo dejo para cotilleos de café y para consumidores de intestinos– y, para ello, no duda en filtrar a todo el que quiera oír, comidas o post comidas con ZP y hasta conversaciones con ‘angelicales rubias’ en las que según parece éstas, o ésta, incomprensiblemente para muchos, sí le ríe sus zafiedades y ordinarieces.
Don Antonio es, posiblemente, el político más interesante y de más envergadura del Bierzo, ya que aparte de sus conocidas habilidades como gestor y dirigente político, su incuestionable capacidad para comprar voluntades, su razonable parecido físico, y también en otros apartados, con el ex alcalde de Marbella y acompañante de folclóricas Julián Muñoz, representa como nadie ese modelo de socialista que tantos disgustos ocasionó a finales de los ochenta y principios de los noventa a Felipe González, y que se hizo carne en Roldán el camboyano.