El actual matadero municipal de León, una infraestructura que fue simbólica en la ciudad –porque su nacimiento estuvo íntimamente ligado al del leonesismo político e institucional, ideado a principios de los 80 por Juan Morano y continuado después por Rodríguez de Francisco– acaba de ser privatizado. Estas instalaciones, situadas en el término municipal de Santovenia de la Valdoncina, modélicas en su tiempo, cumplieron un papel esencial en el sostenimiento de la ganadería de carne leonesa y en la garantía de salubridad pública en unos momentos difíciles, con graves problemas como el del uso de hormonas en el engorde de ganado y la erradicación de la tuberculosis vacuna. Desde hace una década el comercio de la carne cambió radicalmente, al abandonarse prácticamente el consumo a granel, como ocurrió antes con el aceite, la leche y otros productos y pasar a comercializarse bajo marcas industriales que garantizaban su calidad. Como consecuencia, los ganaderos pasaron a vender sus animales a estas industrias y la venta directa cayó en picado. No siendo imprescindible para el sostenimiento de la cabaña ganadera ni para la garantía sanitaria de la carne, los mataderos municipales estaban condenados a desaparecer. De hecho, León ha sido uno de los últimos en privatizarse, algo que iba devaluando las instalaciones de día en día. Conseguir hoy 2,8 millones por la venta, ahorrando además unas pérdidas anuales de 1,2 millones y añadiendo la externalización de la mitad de su plantilla, es una gestión exitosa que puede apuntarse sin rubor el actual equipo de gobierno. La supresión de servicios prescindibles y el recorte de gastos de personal y funcionamiento es el único camino viable para miles de ayuntamientos en los próximos años.