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PATRIMONIO LEONÉS

El silencio de los vecinos

Son los únicos que no dicen nada. La Muralla de León también se ha salvado gracias a quienes tienen el monumento a la puerta de su casa y no protestan

La Era del Moro, donde casi nunca se limpia la maleza. MAURICIO PEÑA

Manuel C. Cachafeiro / León
Poco a poco, el monumento más maltratado de ciudad está saliendo de un abandono de siglos. Desde que dejara de tener carácter defensivo para los habitantes del viejo León, la muralla romana y la cerca medieval han sufrido todo tipo de avatares y escarnios. Demoliciones, edificios adosados, mal de la piedra, derrumbes… Ni su declaración como Monumento Histórico Artístico, el 3 de junio de 1931, en plena II República, sirvió para mucho, ni tampoco su posterior protección con leyes sobre el patrimonio de 1949 y 1985. Hasta hace muy poco, ni tenía un plan director que marcara dónde había que actuar para mejorar su conservación. Por no tener, ni tiene ni clara su propiedad. El propio director de ese plan, el arquitecto Melquíades Ranilla, ha reconocido en varias ocasiones que es uno de los grandes problemas que tiene la muralla.
Y es que no sólo son propietarios públicos y religiosos. Hay también muchos pequeños dueños privados que no saben dónde acudir. En la Era del Moro, el vecindario de las casas que dan a Ramón y Cajal han denunciado de forma reiterada el estado de los aledaños a la muralla. “La hierba está muy alta, hay arbustos, ratas, basuras y toda clase de insectos e insalubridad. Hemos solicitado que lo limpien, pero no nos hacen caso”, dicen algunos vecinos. Y lo mismo en la cercana calle Abadía, donde algunos residentes se han dirigido al Ministerio para que habilite la zona. “Le remitimos respuesta de la Dirección General (...). El tema debe ser comunicado al Ayuntamiento de León” es la única respuesta.
¿A quién deben reclamar los vecinos? Sobre el papel, la muralla de León es propiedad del antiguo Ministerio de Hacienda. A ese ministerio fueron a parar todas las propiedades del extinto Ministerio de la Guerra. Sin embargo, a lo largo de los siglos XIX y XX algunos tramos pasaron a manos privadas, como así consta en el Registro de la Propiedad, bien por permutas o porque simplemente se dejó construir en sus aledaños.
Otras partes del monumento sonpropiedad de entidades públicas. El Ministerio de Cultura tiene registrado a su nombre la zona del archivo provincial, junto al arco de San Pelayo. Y las monjas clarisas tienen dos cubos, igual que las carmelitas. El cabildo catedralicio también es dueño de tres cubos. Y lo mismo se podría decir del Obispado. El despacho del obispo está en un ‘cubo’ de la muralla.
Sin embargo, el lienzo sur, que prácticamente ha desaparecido, es todo de particulares entre la calle Zapaterías y la Plaza Mayor. En la zona del palacio del Conde Luna también la fundación Octavio Carballo es propietaria de tres cubos. Y lo mismo se podría decir de otras zonas privadas en la cerca medieval.
Saber quién es el propietario es fundamental. En principio, el propietario debe ser quien pague las obras de restauración. Siendo concejal de Patrimonio Alejandro Valderas, el Ayuntamiento decidió denunciar al Ministerio de Hacienda. Valderas recuerda que en otras ciudades el Estado ha pagado la restauración de las murallas. Es el caso de Lugo o Avila. “El Ministerio contestó que eran suyas, pero no hizo nada”, recuerda.
Al menos, la sensibilidad con el monumento ha aumentado. Si ha llegado hasta hoy es también por ese maltrato histórico.

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