Dejar mear al macho, que meando descansa, que ha comido berros… En mi pueblo, que tiene Plaza Mayor, y guapa, se soltaban estas lindezas y las escuchaba de pequeño cuando mi padre me paseaba entre los hombres del campo, ganaderos de postín, llegados a la city, del campo charro. Le soltaban la frase a quien atosigaba, agobiaba o metía prisa. La gestión que acaba de presentar este equipo de gobierno deja mucho/bastante que desear. No cumple las expectativas. Queda mucho por hacer y lo mejor es callarse.
Decir Pacoalcalde y Vicechamorro, que tras dos años de gobierno municipal PSOE/UPL se sienten satisfechos, es como para hacerse un nudo. Y si estos señores y sus colaboradores/as son capaces de mostrarse satisfechos tras la gestión en un año de crisis, en el que han descendido los ingresos al desaparecer las licencias municipales, cuando ha habido que hacer frente a costes imprevistos por despidos improcedentes, cuando se ha tenido que depender de los fondos Zapatero, y cuando las medidas de ahorro han sido el chocolate del loro, ¡qué dirán a la conclusión del mandato! Las cifras, los déficits, las reducciones y la deuda, deben ponerse siempre en cuarentena por cuanto son ellos los que manejan y enseñan los datos. Chamorro, el hombre del pacto, dice incluso que “la gestión de estos dos años es tremendamente positiva”. Le disculpo porque me consta que toma cafés a destajo. Pero una breve lectura de la realidad, nos lleva a recordar que Puente Castro ha hecho un montón de manifestaciones, que llevamos mes y medio sin rastro del rastro, los sindicatos –que también tienen delito– se quejan de las privatizaciones, los jardines han sido matorrales, la ciudad tiene más baches que Roma en la época del Imperio… Ahora mismo hay varios frentes abiertos y los proyectos claves viven el sueño de los justos. Dije un día que este equipo de gobierno le había echado valor para tomar decisiones. Pasado el mal trago, esperemos dos años para cerrar el ciclo. Dejemos mear al macho, y a la era, que aún queda faena.