El artista japonés Tadanori Yamaguchi realiza dos esculturas al aire libre en Cerezales del Condado
Réplica de la escultura de Castorina que está haciendo el artista japonés Tadanori Yamaguchi. DAVID RUBIO
D. R. / Cerezales del Condado
Dar a los habitantes de su pueblo el acceso a la cultura del que él no pudo disfrutar. Entre otros, ése es el principal objetivo de Antonino Fernández, leyenda viva de los indianos leoneses, ejemplo de aquellos que salieron de la nada y alcanzaron la fama y la riqueza al otro lado del océano Atlántico.
Después de haber financiado numerosas obras en su localidad natal, Cerezales del Condado, Antonino Fernández ha puesto en marcha la Fundación Antonio Cinia Cerezales, que lleva su nombre, el de su difunta esposa y el de su pueblo. Parte nada más y nada menos que con 3 millones de euros pero, como, a parte de los presupuestos y de la declaración de intenciones, el movimiento se demuestra andando, la Fundación ya ha echado a andar de una forma verdaderamente original: en los jardines de la que será su sede, en las viejas y hermosas escuelas de Cerezales del Condado, el artista japonés Tadanori Yamaguchi está realizando dos esculturas al aire libre.
Estas dos obras pasarán a formar parte del patrimonio de la fundación y, al mismo tiempo, sirven como punto de encuentro para los vecinos del pueblo, que en su paseo contemplan los avances de las dos piezas. Por una parte, Tadanori Yamaguchi, japonés de Osaka, realiza una réplica a gran escala (10 toneladas pesaba la piedra de mármol cuando empezó a trabajarla) de una maternidad de la veterana artista maragata Castorina. Por otra, crea una pieza propia (“aún me estoy pensando el título”, dice él) en la que, según confiesa el escultor nipón, “quiero reflejar el sonido de las presas, del que me he sentido fascinado desde que llegué a este pueblo y que, además, creo que es muy importante para los agricultores y los habitantes de esta zona”.
La pieza de Tadanori Yamaguchi (que estos días participa en una exposición colectiva en la galería Ármaga) combinará agua, luz y piedra, concretamente dos enormes piedras que pesaban cerca de cuatro toneladas y que han sido vaciadas por el escultor. Con cierto escepticismo al ver que la obra tardo en coger forma, pero al mismo tiempo ilusionados al ver el movimiento artístico que se genera en el pueblo, los vecinos de Cerezales contemplan cómo trabaja el artista y preguntan al escultor japonés cómo lleva el trabajo y lamentan que pase tanto calor y tenga que moverse entre el polvo que genera.
Tanto los trabajos de las esculturas como los de restauración de las viejas escuelas, donde se construirá un amplio auditorio y salas de exposiciones, marchan a buen ritmo. La previsión de los responsables de la fundación es que pueda ser inaugurada este mismo verano, posiblemente a finales del próximo mes de julio.