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ENTREVISTA / Nicolás Castellanos / Obispo y misionero en Bolivia

“No estoy en absoluto resentido, seguiré desarrollando mi proyecto en Bolivia”

El leonés Nicolás Castellanos es director del Proyecto 3000 en Bolivia, a donde tiene previsto regresar en breve. EDUARDO MARGARETO

a.f.c. / ical / Palencia
Hace algunos días fue víctima de un atraco a mano armada en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), donde es misionero desde hace 17 años. Nicolás Castellanos, impulsor de la Fundación Hombres Nuevos, Premio Castilla y León de Valores Humanos 2002 y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 1998, asegura no sentir ningún resentimiento ante un hecho que es para él “una anécdota puntual”, fruto del agravamiento de la crisis económica en el país.

La Fundación Hombres Nuevos acaba de iniciar una campaña para la captación de nuevos voluntarios, ¿cómo está resultado?
Hemos celebrado una reunión de voluntarios para captar nuevos socios y fijar las líneas de actuación. El voluntariado es la principal fuerza del proyecto. Pretendemos concienciar y sensibilizar de la importancia de ser voluntario y la necesidad de invertir en la gente con escasos recursos. Nuestro lema es ‘Nada para el pobre, sino todo con el pobre’.

En general, la gente es bastante reacia a las tareas de voluntariado o colaboración económica. ¿Cuál es la situación actual?
Es cierto que existe cierta desconfianza en esta materia, pero en nuestra Fundación sabemos que cada euro que sale de España es un euro que se duplica en Bolivia. Sigue habiendo gestos importantes. Acabamos de inaugurar una escuela en Japo, en un altiplano a 4.500 metros de altura, y ha sido financiada íntegramente por un industrial palentino. Hay gente que sabe que pasar hambre no es un deporte.

¿Cómo es la convivencia entre voluntariado y habitantes de la zona?
El voluntariado tiene una acogida extraordinaria. No hay problemas por la diferencia de culturas. En todo momento, hay una actitud positiva hacia ellos, no hay rechazo alguno. Es una labor muy importante para los voluntarios, que supone un antes y un después en sus vidas. Es una experiencia enriquecedora y recíproca de la que se benefician los voluntarios y los habitantes de Bolivia. Lo importante no es hacer cosas, sino enseñar a la población a hacerlas.

¿Y la delincuencia?
Santa Cruz de la Sierra, en comparación con otras partes de América latina, es una zona con índices de delincuencia relativamente bajos. Es cierto que puede llegar a incrementarse por la fuerte crisis económica que vive el país, pero no es el problema más grave.

Hace algunos días sufrió un atraco a mano armada, ¿cómo lo ve ahora?
Para mí el robo es una anécdota. Es la primera vez en 17 años que nos ha ocurrido algo similar, porque es una zona muy tranquila. Creerían que al estar nosotros allí encontrarían algo de valor, pero lo cierto es que vivimos en una casa humilde y no pudieron encontrar grandes cosas. Las autoridades se han volcado con el suceso y la gente llegó incluso a colocar carteles de apoyo en las calles. No creo que sea motivo para crear alarma.

Sin embargo, los medios colombianos sí fueron un poco alarmistas con el tema.
Bueno, en parte es su labor. Pero, como digo, para mí es un hecho puntual sin trascendencia.

Se llegó a especular que usted había adelantado su viaje a España tras el suceso y se que planteó incluso no regresar a Bolivia.
El viaje estaba previsto con anterioridad. Las cosas sucedieron así. No guardo nada de resentimiento. En el aeropuerto varias televisiones me preguntaron si regresaría al país y por supuesto que, cuando haga todo lo que tengo que hacer en España, seguiré con mi proyecto en Bolivia. La delincuencia allí no es preocupante. Roban y matan más en el centro de la ciudad, aunque es cierto que la crisis ha podido motivar un aumento de este tipo de hechos. Hay que tener en cuenta que allí el 70 por ciento de la población es pobre y que los precios de muchos productos se han duplicado. Muchos dejan de comer, matan el hambre sólo a base de pan.

¿Considera suficiente el apoyo de las instituciones?
Gracias a su colaboración han salido adelante muchos proyectos en Bolivia. Por ejemplo, allí no se invierte en salud y, a través de un proyecto piloto desarrollado con la Usal y la Junta de Castilla y León, hemos desarrollado un programa de salud en las escuelas públicas. Recuerdo el caso de una niña que tenía únicamente el cinco por ciento de visión. Su madre estaba preocupada porque no estudiaba y el problema era que no veía.

Recientemente, han recibido una subvención del Ayuntamiento de Palencia para promover la cultura en las comunidades indígenas guaraníes del municipio de El Puente, ¿qué se va a hacer?
El objetivo es promover la cultura y las actividades artesanales en la zona. La artesanía es para ellos un modo de vida. Cuando recibamos la subvención completa, finalizaremos el programa. Las previsiones son que esté año esté acabado.

¿Qué otros proyectos tienen en marcha?
Trabajamos en un hogar para los hijos de los zafreros (cortadores de caña de azúcar). Antes trabajaban los padres con sus hijos y el objetivo es erradicar el trabajo infantil, creando un hogar y logrando que vayan a la escuela. Además, estamos construyendo una casa de cultura en la comunidad de Pocongo, financiada por Caja Duero y tres nuevos colegios en Pailón, el Plan 3000 y San José la Guardia. Es una labor continua.

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