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EN EL ÁGORA / Francisco Saurina

Fichajes

Hoy no voy a hablar de nada relacionado con la política ni con este León de nuestros amores. Quizá no lo vuelva a hacer, para qué.Estos días, diría semanas, vivimos incansablemente el desembolso de miles de millones de las antiguas pesetas en la contratación de jugadores de fútbol. Me encanta el fútbol no lo voy a negar. Como dice el gran Johan es un deporte que tiene el mérito de que se juega con una pelota redonda, y con la parte más distal del cerebro. Casi nada.
Pero ello no es un fundamentorealmente válido como para que se produzca esta locura millonaria, que bien es cierto imponen las reglas del mercado. Si llega un señor o un club y saca el talonario y paga lo que no está escrito, está claro que es la ley de la oferta y la demanda. Cabría preguntarse por la rentabilidad de lo pagado, pero eso ya es otra historia que se verá a más largo plazo. Se necesitan muchos anuncios para recuperarlo.
Decía que me gusta el fútbol y lo decía con una clara intencionalidad y es que no me gusta el negocio que se monta alrededor. Lo de ético o no ético me parece opinable pero tampoco es algo que merezca cuestionarse el tema como un asunto filosófico. Es verdad que el fútbol es deporte, y a la vez espectáculo, y que las masas, ya sabemos, que cuando actúan como tales son irracionales, dan igual los colores.
Es el viejo circo romano, en eso no hemos cambiado nada. Aparece el gladiador y la masa vive con fervor el momento. Dije que me gusta el fútbol, pero la vida no es sólo eso, ni es eso. Es sólo un entretenimiento, algo accesorio, nunca la razón de nuestra existencia. No es un ejemplo a seguir, para nuestros jóvenes no es el mejor espejo. Los excesos que rodean este deporte no pueden hacer pensar que es la mejor profesión porque te haces rico. No es verdad. Sólo unos pocos, unos pocos entre miles de futbolistas tienen la suerte de tener un buen contrato y en un buen club. Los hay muy buenos, pero no todos llegan. Necesitas serlo y que un día te vea quiente tiene que ver. Lo dicho, que tanto exceso se asimila mal y menos si sólo tienes veinte años o poco más. Son ídolos con pies de barro.

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