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MEMORIA HISTÓRICA / La Cabrera

Dos muertos y dos destinos

En Sigüeya exhumaron ayer los restos de Manuel Blanco. A 50 metros está la tumba de un marroquí que murió en la misma batalla

A Manuel Blanco Pascual la localidad orensana de O Barco de Valdeorras le debe buena parte de su historia gráfica. La muestra esta foto.

David Rubio / León
Sólo cincuenta metros separaban hasta ayer sus cadáveres. Los dos encontraron la muerte en el mismo lugar, Sigüeya, pueblo de la comarca leonesa de La Cabrera. Los dos fueron víctimas de la Guerra Civil española, aunque lucharan en distintos bandos. Los dos han estado bajo la misma tierra casi 70 años. Uno había nacido en Lérida y el otro en Marruecos. De uno se conoce el nombre, Manuel Blanco Pascual; al otro todo el mundo se refiere simplemente como “el moro”. El destino hizo que perdieran la vida en el mismo lugar y, ayer, el destino quiso que sus huesos tomen caminos distintos.
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica llevó a cabo ayer la exhumación de los restos del primero de ellos.“Ha sido una exhumación muy sencilla”, comentaba Santiago Macías, vicepresidente de la citada asociación, “porque contábamos con un testimonio muy bueno. Uno de los habitantes de Sigüeya nos ha llevado a una de las fincas que hay cerca del pueblo yha dicho: debajo de mis pies”.
A parte de la buena memoria de quien ayer llevó a los responsables de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica hasta el lugar donde fue enterrado Manuel Blanco Pascual, debe de ser difícil olvidar acontecimientos como aquéllos, puesto que él contaba sólo ocho años y uno de sus hermanos fue obligado a cavar las fosas. Con la ayuda de una máquina y con la certera identificación del lugar, la exhumación de ayer resultó especialmente sencilla, tanto que duró sólo una mañana, algo a lo que no deben de estar acostumbrados Santiago Macías y el resto de voluntarios (llegados desde toda España) que colaboran en estos trabajos, a menudo complicados por la localización y por la identificación de varias víctimas dentro de una misma fosa.
Pero en la de Manuel Blanco Pascual sólo estaba él y, ayer, cuando terminaron de sacar sus restos, el vecino que había localizado la fosa dijo: “Si me dejáis el pico, saco al moro”. Desgraciadamente, no es todo tan sencillo, y es necesaria la solicitud de la familiapara llevar a cabo una exhumación.
Hermosa, despoblada y hasta hace bien poco extremadamente pobre, la comarca leonesa de La Cabrera guarda algunas de las historias más fascinantes de la que muchas que la Guerra Civil española dejó en la provincia de León. En sus montes, en sus pueblos y en sus casas se libraron algunos de los enfrentamientos más recordados, como fue en el que murieron Manuel Blanco Pascual y el marroquí que formaba parte de los regulares que apoyaron al ejército franquista. Santiago Macías recuerda que “Manuel Blanco Pascual, fotógrafo residente en O Barco de Valdeorras, formaba parte de la corporación municipal de aquella localidad como teniente de alcalde. A finales de julio de 1936 logró escapar ante la entrada en la villa de los militares rebeldes. Declarado en rebeldía, se libró de una muerte segura. No tendría la misma suerte el alcalde, Abdón Blanco García, sometido a consejo de guerra, condenado a muerte y fusilado en Orense a finales de aquel mismo año”.
Manuel Blanco Pascual había nacido en Lérida el 3 de agosto de 1900. En su faceta como político, colaboró en la creación del Frente Popular como miembro del Partido Comunista. Como fotógrafo, gracias a él O Barco de Valdeorras puede contar, hoy en día, con una colección importante de imágenes de la villa de los años veinte y treinta del siglo XX. Pero la situación en la villa orensana se había hecho extremadamente peligrosa para él, de modo que “huyó hacia La Cabrera y posteriormente pudo dirigirse a Asturias, región que permaneció bajo control gubernamental hasta octubre de 1937. A la caída de ésta, cruzó de nuevo hacia tierras cabreiresas, pasando a formar parte de los grupos de huidos que permanecían por la zona, dirigidos por Manuel Girón Bazán y Manuel Álvarez Arias, alias Bailarín”, escribe Macías.
La cuadrilla de Girón fue popular entre los simpatizantes de uno y otro bando, para algunos temida y para otros convertida en un reducto para la esperanza. “El 6 de julio de 1940, una denuncia propició que un fuerte contingente de regulares y falangistas rodeara una casa de la localidad de Lomba donde se ocultaban cuatro resistentes. Iniciado el combate, dos de ellos –los asturianos Arcadio Ríos y Valentín García– pudieron salir del cerco. Junto a ellos, tomarían el mismo camino Laura Blanco Rodríguez, la dueña de la casa donde se ocultaba el grupo, y el hijo de ésta, Manuel Jesús López Blanco”, continúa el relato. “No corrieron la misma suerte dos de sus compañeros: el primero de ellos, Domingo Valle Cañal –también cabreirés de la aldea de Forna– fue apresado con vida y murió posteriormente en el trayecto hasta Puente de Domingo Flórez, a consecuencia de las heridas sufridas durante el combate. Su cuerpo está enterrado en el cementerio de Pombriego. El segundo, gravemente herido, consiguió salir del cerco siendo posteriormente detenido, torturado y finalmente asesinado en el cercano pueblo de Sigüeya”.

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