Son muchos los leoneses de la generación de posguerra que llevan años pronosticando que la tierra es el recurso más importante del ser humano y que tarde o temprano se volvería a los pueblos. Guerras, hambrunas y montones de crisis les mantenían en esta convicción a pesar de que han esperado más de seis décadas sin ver sus pronósticos cumplidos. Seguirán esperando, porque la vida urbana en detrimento de la rural es ya irreversible, pero la actual crisis económica ha vuelto a revitalizar los pueblos leoneses de cara a asegurarse el futuro y, de momento, durante las vacaciones de este verano están comprobando como la afluencia de nativos y foráneos es masiva. La crisis obliga a todos a restringir gastos sin renunciar a las vacaciones y para eso nada mejor que la casa del pueblo, con o sin abuelos, donde todo es más barato o gratis. Durante las dos últimas décadas muchos pueblos leoneses han enfocado su futuro hacia el turismo estival, con una oferta hotelera, de servicios y de ocio que les hacen atractivos para cualquier clase de turista. A esto se añade la enorme oferta de turismo rural, en la que León está a la cabeza nacional. Todo ello hace presagiar una excelente temporada veraniega y también permite a muchos pueblos soñar de nuevo con la recuperación o, al menos, con el sostenimiento. El regreso masivo por vacaciones a los pueblos puede ser una excelente oportunidad para revitalizar y reconocer el trabajo que durante lustros han realizado los que apostaron por quedarse también en invierno luchando por sacarlos adelante. Es una oportunidad también para que las instituciones a través de una ordenación del territorio coherente logren de una vez un plan de futuro creíble para las comarcas leonesas.