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GENTES DE LEÓN / Corsina Alonso Álvarez / 100 años

De mucho hacer y poco decir

Esta centenaria de Pinos trabajó hasta muy mayor y mantiene una extraordinaria lucidez mental

F. Fernández / León
Sentada y seria, así mira hoy la vida Corsina Alonso cuando acaba de cumplir un siglo de vida. Sentada porque las piernas ya se le han cansado de un siglo de trabajada existencia; seria porque siempre ha sido así, como es lógico que afronte la vida una babiana de Pinos que le ha tocado pelear con una épocamuy dura, sufrir una guerra cruel, alimentar una familia de la que durante muchos meses era la cabeza visible.
En julio de 1909 nació en Pinos, creció ayudando en casa con el ganado y se casó muy joven con Regino, que tenía la profesión más babiana, pastor trashumante, y una de las más duras para sus mujeres pues pasaba los inviernos en Extremadura con los rebaños mientras la mujer, Corsina en este caso, se convertía en la cabeza de la familia, en la encargada de unas pocas vacas, la que criaba los hijos, la que le miraba a la vida diaria cara a cara.
En plena juventud, con los hijos ya en casa, estalló aquella guerra cruel que hace torcer aún más el gesto a Corsina. Todavía habla mucho de la guerra pues, aunque ha perdido movilidad, mantiene una lucidez envidiable. “No sé cómo sería en otros lugares pero en Pinos, en Babia, fueron muy duros aquellos años. Disparaban de unos montes a otros, de un bando a otro”.Y en ese fuego cruzado perdió ella un familiar cercano. En aquel esconderse por los montes no se libró Corsina de “hacerles la comida, lavarles la ropa... para que te pagaran con comida, comer era una necesidad”. Hay imágenes que definen aquellos tiempos y que ella no ha olvidado jamás, como aquel día que iban a por agua a la fuente y les rompieron el botijo, por romper, porque estaba todo muy levantisco. “Y nosotras llorábamos por el botijo”.
Aquello pasó pero dejó su huella de pobreza y carencias. Regino y Corsina le volvieron a mirar a la vida de frente y retomaron sus profesiones, volvieron a los rebaños y las vacas, a atender las tierras, a cuidar los tres hijos que habían sobrevivido, a mandarlos a la escuela “a ver si tienen más suerte”. La desgracia también se había cebado con otros miembros de la familia y acogieron a nuevos miembros. Las historias de solidaridad de aquellos tiempos llegaron a muchas casas, a muchas familias, a la suya también y una vez más le plantaron cara. “Cuando marchaba para Extremadura me dejaba mil pesetas. Hacía todo lo posible por tardar mucho en cambiar el billete porque nada más que lo hacías veías volar el dinero”. Su nieta Ana cada vez que coge un billete de 50 euros recuerda esta historia y, dice, “me dan ganas de no cambiarlo, de hacer como la abuela”.
Poco a poco las cosas fueron mejorando. Corsina se permitió sus primeras ‘excursiones’, aunque realmente eran “viajes a Asturias para ver a una hija y, de paso, ayudar algo”, que ella sin trabajar se encontraba mal. Hasta casi anciana se mantuvo en activo, siguió viviendo en su Pinos natal, rodeada de recuerdos. Ya tenía más de 90 años cuando vino para León.
En León vive. Sentada, tranquila, seria, como la ha hecho la vida, aunque no puede evitar una sonrisa cuando su biznieto Víctor le cuenta alguna historia.

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