En la edad de la revolución de la informática, de las comunicaciones, de las infinitas posibilidades científicas hay una derecha eterna en España, la derecha corrupta y caciquil, que nunca muere y que si muriera hay la suficiente comparsería encargada de resucitarla. Esa derecha la encarna en Ponferrada nuestro alcalde don Carlos López Riesco y su equipo de conmilitones que han hecho de la política, y de la gestión de lo público, una fuente de negocio para unos pocos, de escándalo, de inmoralidad y de corrupción, dicho lo cual no significa que estemos poniendo en cuestión su honradez, es más grave, simplemente creen que de esa forma, de esa manera es como se debe gobernar a los ingenuos o inocentes que todavía creen que en España existe el Estado de derecho. Lo preocupante es que, así, se viene gobernando nuestro Ayuntamiento desde hace tiempo, y no creo que vayan a cambiar, aunque ello no consiga otra cosa que sumergirnos en la mierda, la inmoralidad, aunque sea a costa de destruir la vida social, desquiciar la convivencia y empobrecer la democracia en el Municipio. Es desesperante saber que en la vida publica española los ladrones, los corruptos, los sinvergüenzas si tienen poder o dinero se aseguran la impunidad. ¿Qué democracia es esa en la que un diputado, senador, alcalde, concejal elige la mentira como forma de ejercer la acción política? ¿Qué le deben ustedes, don Carlos, a esos extraños y siniestros funcionarios que inundan el Ayuntamiento con regueros de corrupción y nepotismo? ¿Por qué el equipo de gobierno ponferradino defiende o antepone ciertos intereses particulares a la hora de redactar y aplicar normas y leyes? Ustedes que han sido elegidos para gestionar los intereses de todos –sí todos– los ciudadanos. Lo que ustedes están consiguiendo tiene nombre en castellano: podredumbre. Y lo seguiré pensando, por mucha vana palabrería jurídico-liberal que envuelva su argumentario.