UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS

Las boleras de |
Las boleras de la ciudad son a su vez las embajadas de las comarcas de la provincia. Hasta ellas llegan quienes les gusta practicar el antiguo juego de los bolos y quienes necesitan reencontrarse con las noticias de su tierra a través de los comentarios de quienes han estado por el pueblo. Cada comarca tiene su bolera. Los del Torío y el Curueño se encuentran en San Mamés; los del Condado y La Sobarriba por el Polígono X; los de Riaño recuerdan en Pinilla aquel triste desalojo de hace veinte años y hasta tuvieron su castro de bola redonda... – ¿Qué tal por el pueblo, algo nuevo? – Enterramos a Emilio. – Podías decirme otra cosa. – Es lo que hay, bautizos no hubo. Por ello, las boleras se convierten en un reducto de la moda rural. Por los bancos que las rodean encontramos en invierno las últimas boinas, las chaquetas de lana hechas en casa al calor de la lumbre y hasta algún calzoncillo mariano. En verano la boina le deja paso a la visera y por las perchas cuelga algún sombrero de paja que recuerda aquellas duras jornadas al sol, segando la hierba a guadaña o regando los huertos. Son los últimos resistentes que esperan las vacaciones de los hijos para regresar al pueblo y conocer de primera mano cómo marcha todo, sin necesidad de acudir a la bolera de los recuerdos. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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