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HISTORIAS DE AQUÍ

Una nueva mirada 30 años después

Correos acaba de reparar el edificio de Alejandro de la Sota. En el año 1981 muchos lo criticaron; hoy todo el mundo reconoce su valor.

Vista exterior del edificio de Alejandro de la Sota desde la acera del antiguo hotel Carmina, en la calle Independencia. MAURICIO PEÑA

Manuel C. Cachafeiro / León
Alejandro de la Sota decía en un artículo suyo aparecido en 1956 en la Revista Nacional de Arquitectura sobre Chillida: “Es artista quien descubre lo bello que hay en las cosas”. Y añadía. “Yo creo muy seriamente que el mundo sería distinto si el mundo gustase del arte abstracto”.
Las dos afirmaciones formaban parte de su ideario vital. Construir no era el único sueño de este arquitecto gallego. También era habitar. Por eso, de sus palabras se puede sacar como conclusión la búsqueda de una nueva realidad, aunque fuera arquitecto y tuviera que tener, por encima de todo, los pies en el suelo.
Aunque no haya sido apreciado lo suficiente, y haya sido incluso injustamente despreciado, el edificio de Correos de León es una de las obras más importantes de su larga trayectoria vital.
De la Sota abogaba siempre también por que nunca se dibuje una sola raya “mientras nuestra obra no esté definida en el interior de nuestro cerebro». Y es que subiendo por las escaleras del edificio de Correos —una de sus señas de identidad— se puede ir comprobando como cosas hoy asumidas, como grandes espacios y la ausencia de elementos decorativos, ya estaban en su mente hace un cuarto de siglo.
Nacido en Pontevedra en 1913, Alejandro de la Sota es una de las figuras más significativas de la arquitectura española de la posguerra junto a Cabrero, Fisac, Coderch, Moragas... Entre sus obras destaca el gimnasio del Colegio Maravillas de Madrid (1961), considerado una de las obras más importantes de la nueva arquitectura española. En este edificio, De la Sota prescindió de lo accesorio para ocuparse de lo esencial.
El edificio de Correos de León lo diseñó con 68 años, a principio de los años 80 del siglo pasado. De la Sota era funcionario de dicho organismo y el proyecto de León significó para él una forma de volver a ser él mismo. Levantado en el solar que ocupó el viejo hospicio, en su concepción tuvo mucho que ver el entorno, junto al parque San Francisco, uno de los más antiguos de la ciudad. Los abedules fueron un árbol que De la Sota representó insistentemente en sus croquis sobre el edificio.
Casi 30 años después, Correos acaba de restaurar las cubiertas, uno de los males del edificio. Aunque todo sea discutible y haya quien no le guste, el orden es la ley que marca su construcción. En el sótano clasificación, en el primer piso, atención al público, más arriba, los trabajos administrativos, y en la azotea, una zona residencial.
La imagen exterior está protagonizada por la expresividad de las chapas de aluminio de ‘color león’. Hoy muchos edificios se levantan así, pero hace 25 años el sistema paneles metálicos sólo se empleaba en construcciones industriales. El alzado principal destaca también por el acristalamiento de la zona de envío y recogida de cartas y una marquesina a modo de visera. En la fachada este, que se sitúa hacia la cerca medieval, destacan dos miradores acristalados que recuerdan al proyecto de viviendas que de la Sota realizó en Salamanca en 1963. La opuesta, casi encima del Conservatorio, integra la escalera de emergencia, medida que no se reflejaba en los bocetos previos.
Alejandro de la Sota fue arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid en 1941 y trabajó en el Instituto Nacional de Colonización, en la Dirección General de Correos, en Aviaco y en Iberia. Fue también profesor durante 16 años en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Hoy León está acostumbrado a la nueva arquitectura, pero cuando De la Sota levantó Correos no había nada.
30 años después se ha demostrado que era bello. 30 años de olvido, de críticas... Sin duda, un edificio vivo. Como siempre pensó el aqruitecto.

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