‘El Divino’ regresó con victoria el día que también volvió a ganar Ibán y ‘El Faraón’ fue segundo
Bulnes, un clásico de semipesados, se mostraba descontento con su peso, quiere bajar tres kilos pues, dice, “estoy muy torpe”, pese a caídas como la de la fotografía. SECUNDINO PÉREZ
Fulgencio Fernández / Villarrodrigo
Cada corro de lucha es un mundillo de preguntas. El de ayer en Villarrodrigo no iba a ser menos, de todo tipo.
Julio Álvarez ‘padre de El Helicóptero’, y él mismo‘El señor de los ratones’, estaba feliz porque la lucha regresaba a su pueblo pero se preguntaba: “Cómo empiezan los corros a las cinco de la tarde con esta retestera?”.
Clemente ‘El Junco’ que siempre está a la que salta también se hacía preguntas: “¿Porqué nadie le contesta al paisano?, ¿cómo empezamos a las cinco?, ¿queremos echar a la gente?”.
Los espectadores habituales te conocen de año tras año y creen que lo sabes todo y te preguntan, contestas a lo que sabes.
- ¿Porqué no lucha Diego Arce?
- Porque está haciendo una demostración con la UME, que es militar y hay que servir a la patria primero y luchas después.
- ¿Y vuelve Héctor?
- Sí.
- ¿Y va a ganar?
- A las ocho se lo digo.
- ¿Y lucha ‘El Faraón’ que anda por ahí?
- A las ocho se lo digo.
Es cierto que los chavales de medios estaban pendientes de ‘si volvía padre’, es decir Héctor. Y volvió, y ganó. Pero curiosamente no se enfrentó en la final a uno de los ‘príncipes’ que quieren destronarlo: Morala, Víctor, Marqui, Samuel o Fernandito, en la final tuvo enfrente a ese veterano que ha comenzado con ganas y rejuvenecido, Pedro Llamas, después de una temporada 2008 en la que pensó hasta en dejarlo al andar de mancadura en mancadura.
El combate más bonito fue, seguramente, el de Pedro Llamas contra Fernandito, dos imprevisibles, pero el segundo aún más que ‘El Polvorilla’ de La Cándana. Iba Fernando por delante y atacó, después perdía el combate por haber dado la primera caída Pedro y dejó pasar el tiempo creyendo que ganaba. “Es que cuando lucho no pienso”.
En la final ganó con suficiencia Héctor. El paisano ya me dijo a las 8: “No me lo digas, ya lo vi”.