Las grandes cifras de la crisis y las que intentan contrarrestarla se escapan normalmente del común de los ciudadanos, que se encuentran impotentes, ante la magnitud del cálculo, para inclinar la balanza del optimismo y el pesimismo a un lado u otro. Sin embargo, el dato más cercano, como pueden ser el de embargos de pisos en los juzgados o el de divorcios, puede ofrecer una visión más acertada de la evolución de la crisis. En León este análisis resulta demoledor. Los embargos por impagos hipotecarios se multiplican por tres y los divorcios disminuyen un 20%. La primera cifra revela que, cuando se cumple un año del estallido de la burbuja inmobiliaria en España, el paro está haciendo estragos y cuando éste se acaba el siguiente paso es dejar de pagar la hipoteca. El desplome del euribor podría hacer pensar que traería consigo una drástica reducción de la cuota que cada mes deben pagar los hipotecados pero, como han denunciado algunas asociaciones de consumidores, los contratos bancarios escondían en la letra pequeña trampas que impiden que ahora el consumidor se vea beneficiado como sería de justicia. La situación de momento irá de mal en peor si, como todos prevén en septiembre, el paro vuelve a dispararse y ni siquiera hay acuerdo para aumentar en un año el subsidio de desempleo para aquellos que lo hayan agotado. La reducción de los divorcios parece lógica en este contexto. Al reducirse o agotarse los recursos familiares, asumir la creación de nuevos hogares o las cargas de un divorcio resultan imposible para muchas familias, por más que su convivencia se haya deteriorado. Esto podría traer como consecuencia un aumento de la violencia de género. Para los más pobres, llueve sobre mojado.