Las izquierdas ponferradinas deben llegar a comprender la necesidad de revisar por completo los objetivos y los métodos de su acción política, y es que ya no tienen derecho al error. Dieciséis años alejados del gobierno municipal los socialistas, y doce sin representación en el Ayuntamiento IU, exigen, urgentemente, un cambio en su manera de hacer política. Sin embargo, la tarea que les espera tiene proporciones de una mutación de la que pocos responsables parecen medir verdaderamente su importancia. Alguien debería decir, a los ciudadanos, que el déficit financiero del Ayuntamiento ponferradino deja sin margen de maniobra para realizar políticas de izquierdas en el futuro; el desplome del mercado inmobiliario ha gripado para largos años la que fue locomotora del desarrollo comarcal. La mercantilización de la vida política, como consecuencia de la espúrea entrada del actual equipo de gobierno ponferradino en el mundo de los negocios, a través de la empresa municipal Pongesur, y la utilización del empleo público en beneficio propio y de los amigos, ha convertido la vida municipal en una democracia de cartón piedra.
Por muy desorientado que se esté, deberían ser conscientes que lo primero que necesita, la izquierda, es renovar el lenguaje y olvidar los tópicos y latiguillos solapados (de la solapa de libros no leídos) o extraídos de medios de comunicación, nutridos a su vez, de tópicos y latiguillos acumulados.
Dieciséis años de gobierno de derechas deberían servir para poner en cuestión algunas creencias, que no siempre se han sabido actualizar y que ocupaban una zona del almacén de nuestra conciencia, llena de estuches a su vez henchidos de conceptos y consignas, que conforman nuestro imaginario colectivo como referente y que pocas veces cuestionábamos, menos incluso que las ideas representadas. Y aunque los imaginarios se han roto o esfumado, las razones que generaron las ideas sobreviven.