Isabel Paula López Rodríguez vivió en Guinea 10 años tras rodar por Europa y ahora es la responsable de Almacenes San Froilán, donde hacen descuento a los parados
Isabel Paula López Rodríguez. SECUNDINO PÉREZ
Secundino Pérez / León
El año pasado “viendo que la crisis se acrecentaba, a pesar de que algunos políticos no la reconocían”, dice Isabel, y después de hablarlo con sus compañeras, decidió colaborar descontando un 25 por ciento el precio las telas a los parados. Esta educación responsable la viene de su familia, que al acabar la Primaria en Cistierna, donde nació, la llevó interna al colegio de las Teresianas en León. “Gracias a Dios”añade y, “estoy orgullosa de la educación que me dieron por muchas cosas, como dar por supuesto que el siguiente paso era la Universidad. El hecho de tener mujeres en frente, que eran universitarias, eso se dio por supuesto, además de otros valores como la amplitud mental, la capacidad de discernir o de pensar”. Y así llegó a Salamanca a estudiar Biología, carrera que abandonó a la mitad, al cambiar de rumbo hacia la Teología. Esto la llevó a enrolarse en una comunidad misionera que la llevó a vivir en sitios muy dispares como Paris, donde se interesó por la fotografía, Toulouse, Bruselas y “por cosas de la vida acabé en África donde lo dejé todo y me quedé por mi cuenta”, añade Isabel. “Fue una experiencia apasionante viviendo en una barrio marginal de Malabo, lleno de chabolas, chabolas…, era como el de ‘La Ciudad de la Alegría’, s alvando las distancias, pero en Guinea Ecuatorial” matiza. Para sobrevivir, dio cursos de fotografía “con que cámaras, dios mío, de antes de la guerra”, exclama Isabel Paula. Allí se vinculó a la ONG Intermón “buscando ser coherente conmigo misma porque nunca he pretendido otra cosa”. “Yo empecé con una comunidad misionera cuya filosofía era aportar dinero, hasta que un día, en Malabo, llegaron unas señoras, unas cuantas señoras amigas,que nos dijeron: en vez de darnos dinero podíais ayudarnos a encontrar un trabajo”.Y así comenzó Isabel con Intermón. En pocos días estaba perfilando un proyecto para un grupo de gente que capaz de hacer un trabajo y de ganarse vida por ellos mismos. “Construimos una guardería súper digna, tirando de Unicef y de la colaboración española. Formamos gente y pusimos de directora a una maestra muy valorada y respetada por todas las tribus de allí, donde la rivalidad entre ellos es muy grande”. Al recordar este proyecto Isabel Paula aclara el hecho de que “los pobres puede que sean pobres pero no tontos, y siempre hay quien dice ‘en mi comunidad hace falta esto, nos juntamos unos cuantos, vosotros nos dais este poco que nos falta y lo hacemos’. Así fue, la guardería fue de referencia en Malabo, incluso era requerida por la familia del presidente, era rentable, salía para el sueldo de todos los que trabajaban. Era un ejemplo de trabajo por el desarrollo”, matiza Isabel.
Llegó a España en plena crisis del 92 y decía “me río de la crisis, aquí la crisis era comprar sólo cuatro pantalones no ocho, ahora ves que es duro, cuandoen una familia uno tras otro se quedan sin trabajo”. Vino a León a dar el relevo a su hermana Marta Sofía y ahora no la pesa no viajar. Entre semana dirige una tienda de telas, Almacenes San Froilán, negocio familiar donde su padre, Ponciano, pasó más de 40 años al frente y al que acuden clientes incluso de fuera de León. Los fines de semana Isabel Paula cultiva una huerta ecológica en el pueblo de madre, Villanofar, “ahora mi pueblo”. Las coplas, la música antigua y sefardí es lo que escucha cuando descansa si no lee novela negra o uno de tantos libros“que ya están directamente apoyados en el suelo”.
Siempre deja 15 días para viajar con su madre a un balneario deLanjarón “pues esas son las verdaderas vacaciones, las dos solas”. De allí trae unas semillas de tomates de origen árabe que en breve darán fruto en su huerta y no duda en ofrecer.