Nuevo triunfo del joven Víctor Llamazares, de Valderrueda, que derrotó en la final a ‘El Balilla’
Víctor Llamazares se impuso en una nueva final de ligeros. M. PEÑA
Fulgencio Fernández / Villanueva
Ligeros es una timba considerable. Decía el anterior presidente de la Diputación viendo el Campeonato Provincial que se celebró en Vegas del Condado: “Llueven hostias en todas las direcciones”. Una explicación muy gráfica quebien sirve para lo que está ocurriendo en esta categoría. En Villafañe Santi tiró a Arce, Oblanca a Santi... y ganó el joven Moisés Vega.
Ayer en Villanueva del Condado Ibán tiró a Oblanca, Víctor Llamazares a Santi... y ganó otro chaval: Víctor Llamazares, de Valderrueda.
Y ante las dos victorias seguidas de los chavales ya surgió el espectador que definió a la perfección la situación (algo habitual en la lucha): “Este año los mastines no controlan al rebaño”.
Es cierto. Ahí siguen los Ibán, Santi, Oblanca, Diego Arce, pero la clasificación de ligeros está en un puño y los chavales no les miran a los clásicos como en aquella recordada anécdota de Pepín el de Villarodrigo con el veterano Saturnino: “Este me da igual que me tire, porque es un señor mayor y hay que tenerles el respeto que merecen”. No se lo tienen estos, no se lo tienen que tener, como decía Miguelín el de Acebedo “la lucha es así”.
Y no tuvo un camino fácil Víctor Llamazares. Tuvo que medirse al mastín más enrevesado en las previas, Santi, y lo dejó mirando en la grada. En semifinales le esperaba Ibán Sánchez, ‘El Guerrerín’, otro que no le da ventaja ni a los cojos y también lo mandó a la grada para que viera la final.
Y en la final esperaba Diego Arce, ‘El Balilla’. Otro combate a cara de perro, con caídas de todo tipo pero con dos luchadores que ‘apuñaban’ sin concesión. Se sobaron, se soltaron, volvieron las caídas, falsearon las mañas... y se pusieron a caída y media. Fueron a la buena y, tal vez, ganó el que menos precauciones puso: Víctor, otro de esos chavales seguros de sí mismos. Le explicaban a qué mano agarraban sus rivales y decía: “No sé a qué mano agarra nadie, yo lucho a lo mío”.