León es una tierra de contrastes. El paisaje del Bierzo no tiene nada que ver con el de Tierra de Campos; la Montaña ofrece una variedad por sí misma en cada comarca desde Laciana a Riaño; la maragatería mantiene su propia idiosincrasia, y así se podría seguir hablando de la Cabrera, La Bañeza, la Cepeda... Pero es justo esa diversidad lo que ha fortalecido su unión por encima de todo. El arraigo a la tierra tiene gran peso en toda la provincia. La capital leonesa es casi como una gran plaza mayor donde confluyen todos los territorios. La recuperación del Día de la Provincia por parte de la Diputación es una fecha que cada año debe ir a más. Ya se celebró hace décadas con grandes desfiles de artesanos y tradiciones como los pendones o los productos del campo. Es, sobre todo, un fecha para la reafirmación de que, pese a esas contradicciones, hay más cosas en León que unen a sus comarcas que desencuentros que las separen. En ese sentido, hay que entender las declaraciones de la presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco, cuando reclama un mayor protagonismo en la comunidad para León. Castilla y León debe saber asumir su diversidad para fortalecer su proyecto político. Sólo desde esa aceptación de que no todo el territorio es igual, se pueden asentar las bases de un futuro esperanzador. Lo mismo pasa con León. La Diputación es, en ese sentido, el mejor termómetro para medir el pulso de una provincia con grandes posibilidades en aspectos como el turismo, la industria o la logística. Esa diversidad es también un sello que es necesario ‘vender’ cada día más como marca de calidad. Quienes asistieron ayer a la fiesta de Sahagún pudieron comprobar lo grande y lo importante que es este León tan extenso.