Así lo diré dentro de unos años y nadie me creerá. Para entonces esto que tiene entre sus manos se habrá convertido en una pieza de museo. Esta semana se ha debatido en León sobre el futuro del periodismo. Algunos no le dan ni 10 años de vida al periódico impreso. Se supone que será sustituido por la prensa digital que conseguirá lo que no lograron ni el papel higiénico ni el papel de aluminio.
El problema de la prensa digital es que aún no ha llegado a los niveles de rentabilidad que garanticen su éxito. La publicidad aún no se lo traga. El problema de la prensa analógica es que ningún menor de 15 años lee un periódico y sólo se asoman al mundo a través de una pantalla de ordenador. Cuando éstos tengan 30 años y manejen el cotarro, nadie, salvo la patronal de las residencias de ancianos, estará dispuesto a seguir imprimiendo periódicos.
Pero lo que seguirá existiendo es el periodismo. Existe desde que el hombre encendió una hoguera para calentar la cueva. Siempre habrá algún cotilla dispuesto a contar lo que pasa sobre una roca, un lienzo o la pantalla de un teléfono móvil.
La imprenta acabó con los amanuenses pero alumbró a los escritores, ¿qué alumbrará la era digital? Por lo pronto, la falta de rigor provocada por la inmediatez de lo digital se ha contagiado al papel. Una enfermedad como otra cualquiera.