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HISTORIAS DE AQUÍ

Los huesos no son lo que eran

Son casos de la guerra civil, pero también historias de hace siglos. León es un gran laboratorio donde se investigan también enigmas históricos

San Miguel de Escalada, todo un enigma todavía por resolver. M. MARCOS

Manuel C. Cachafeiro / León
Los huesos están cada día más de actualidad. Por un lado, la antropología está sirviendo para ponernombres y apellidos a los ‘paseados’ de las fosas de la guerra civil. En unas instalaciones que gestiona la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) en Ponferrada se lleva a cabo la identificación de casi un centenar de fusilados recuperados por toda España, según el vicepresidente de esta organización, Santiago Macías.
La ARMH dispone de un equipo propio compuesto por expertos profesionales. En muchos casos, son ellos mismos los que se trasladan a las zonas donde se abren fosas para llevar a cabo todo el proceso de identificación, desde la posición de los huesos al trabajo propiamente de laboratorio.
Por otro lado, cada vez son más los estudios sobre tumbas de personajes famosos. En este caso, las nuevas técnicas están sirviendo para corroborar viejas teorías, pero también para abrir más de un interrogante histórico. Es el caso, por no ir muy lejos, de las tumbas de los reyes de León, o de la tumba de Quevedo en la provincia de Ciudad Real. O el caso de Federico García Lorca, a medio camino entre lo que pasó hace siglos y la más cercana actualidad,cuyo caso está envuelto en polémica, con familiares a favor y en contra deexcavar la tierra.
“El tiempo olvida las cosas. Secomen a uno, pero los huesos, no. Si hay roturas de huesos por fracturas, por golpes, por impacto de bala… eso se ve en los huesos”, explica el profesor Luis Caro Dobón, de la Universidad de León.
Caro Dobón es uno de los mayores expertos en la materia. En su departamento en la Facultad de Biológicas hay miles de huesos para estudiar. En este momento, su equipo acomete un estudio de casi 400 tumbas de San Miguel de Escalada por encargo de la Junta. “Aquello es una cosa que nos tiene enterrados a nosotros”, comenta en tono irónico.
Los investigadores leoneses han realizado últimamente uno de esos estudios para intentar acabar con enigmas históricos. La pregunta, más o menos, podría ser: ¿Pudo morir envenenado el hermano de Isabel la Católica? Lo cierto es que el infante don Alfonso, enterrado en la Cartuja de Miraflores de Burgos, murió a los 14 años de forma repentina. Si hubiera vivido, la Historia hubiera sido otra. De momento los Reyes Católicos no hubieran sido los mismos, al menos Isabel.
Los análisis antropológicos y de ADN realizados por el equipo leonés confirmaron que los huesos exhumados en esa capilla burgalesa eran, efectivamente, los del malogrado hermano de Isabel la Católica y los de sus padres, Juan II e Isabel de Portugal. Sin embargo, el gran interrogante ha quedado sin aclarar. Los análisis no han podido demostrar que muriera envenenado.
La investigación comenzó en el año 2006, con la apertura de la urna que contenía los supuestos restos de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, en la cripta bajo el sepulcro de alabastro de Gil Siloe.
Luis Caro y su colaboradora María Edén Fernández se encontraron con dos esqueletos de personas adultas, un varón y una mujer. El del hombre tenía el cráneo y la mayoría de los huesos largos. La primera respuesta era clara. La ausencia de huesos pequeños determinó que no fue ellugar original donde se enterró el cadáver. En el caso de la mujer, se hallaron fragmentos óseos de huesos largos de brazos y piernas. La respuesta era la misma.
En otro sarcófago se hallaronlos restos del infante Alfonso. Gracias a su estudio se pudo determinar la edad, el sexo y la alta estatura. Además, los estudios genéticos confirmaron quelos restos de Alfonso tenían el mismo ADN mitocondrial que la mujer que compartía sepulcro con Juan II, con lo que quedó demostrado que se trataba de Isabel de Portugal y su hijo Alfonso.
Sin embargo el examen toxicológico no reveló la existencia de sustancias que puedan confirmar que murió envenenado. Según el profesor Caro Dobón, el hecho de que los restos se encontraran en un ataúd afectado por la humedad hizo muy difícil sacar conclusiones en ese sentido.
El estudio de los huesos da para todo, como que Juan II tenía una deformación en la cara. El examen óseo del cuerpo también sirvió para ponerle edad a su muerte:49 años.
“En España sólo se ha respetado las tumbas del Escorial, porque los franceses debieron pensar que eran los Reyes de España. Muchas otras han sido removidas. Ahora, los huesos no engañan”, comenta Luis Caro.
El equipo del Servicio de Antropología de la Universidad de León ha realizado múltiples trabajos en los últimos años. En Palat del Rey, su objetivo fue conocer los oficios de quienes fueron enterrados en la iglesia más antigua de León. Palat era un barrio de artesanos y trabajadores y los huesos fueron el mejor testigo de toda una época. Por ellos se ha podido revisar los que tuvieron fracturas, los que quedaron cojos, inútiles...«Un herrero que está martilleando todo el día tiene lesiones en el codo, como los golfistas o los tenistas», explica el profesor Caro Dobón.
En el caso de San Miguel de Escalada la investigación va para largo. El equipo de Caro Dobón tiene clasificados y ordenados 390 individuos. Hay personas singulares, como abades que estaban en sarcófagos de piedra. “Lo importante de estas necrópolis es que, al ser tan completas, permiten hacer estudios de gran detalle. Haces la reconstrucción completa de esa sociedad. Igual que en la demografía se establece una pirámide de edades, por la muerte estudias la edad, la esperanza de vida, la mortalidad infantil, las enfermedades que padecieron, la proporción de sexos... das sentido a algo que en principio son huesos, pero que son una fuente de información valiosísima», señala.
El proceso para estudiar un hueso comienza con su llegada al departamento de la Universidad. Allí se le deja un tiempo en un lugar fresco y seco para poder limpiar la tierra y meter en cajas los huesos más pequeños para después de clasificarlos. A partir de ahí se inicia un complejo y laborioso trabajo de reconstrucción y estudio. Se miden, se estudian las fracturas...
“Un hueso siempre deja huella, aunque haya sido enterrado con cal viva. No lo destruye”, dice Luis Caro Dobón.

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