El aumento de la población, más en un territorio tan extenso como Castilla y León, es una gran asignatura pendiente. Hasta el propio presidente Herrera reconoció el fracaso de su política en ese sentido en el último Debate sobre el estado de la comunidad en las Cortes. Castilla y León no sólo no crece sino que hay provincias como León donde se anuncia una previsión de caída para los próximos años después de un breve espejismo de crecimiento. Ni la llegada masiva de inmigrantes ha servido para mejorar las cifras. Las políticas llevadas hasta ahora no han servido para un objetivo que se antoja más negro todavía en un panorama de crisis como el actual. Por eso, la comunidad necesita un modelo de crecimiento, con políticas que incentiven, en primer lugar, la actividad económica. Pero no sólo. Necesita también un modelo territorial que apueste por las cabeceras de comarca, que es la única vertebración posible de las zonas rurales. En ese sentido, las Directrices de Ordenación del Territorio son un instrumento necesario e imprescindible, siempre y cuando sean acordes con las verdaderas necesidades del territorio y no un arma de doble filo para la lucha partidista de los políticos. Y en tercer lugar, Castilla y León necesita un modelo de crecimiento que sepa aprovechar el gran activo que es su territorio. Una comunidad más extensa que Portugal no puede tener tampoco un modelo basado en concentrar su población en las grandes ciudades; en el caso de la provincia, León y Ponferrada. Necesita establecer una red de municipios atractivos desde donde poder evitar la despoblación de grandes zonas rurales. Las nuevas tecnologías abren nuevas oportunidades. No está todo perdido. Pero hay que ponerse a ello lo antes posible.