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¿ENTONCES? / David Rubio

Ciudadanosde pueblo

Nuestro Señor Jesucristo nació en un pesebre / donde menos se espera / salta la liebre”, aseguraba aquel cura que se atrevió a escribir la Biblia en verso. Más que liebres, los que saltan por las cuatro esquinas de este país son ingenieros del lenguaje que aprovechan la riqueza de matices del castellano para darle una vuelta de tuerca a todas las expresiones. Ya se sabe que desde hace años los viejos no son viejos y los cojos son personas de movilidad reducida.
Los que más se recrean en las filigranas del lenguaje son aquellos que dicen luchar contra las desigualdades. Ahí están las feministas con su discurso de miembros y miembras o los leonesistas que consiguieron colar la primera ‘y’ de la historia de la lingüística que, en vez de coordinar, divide: Castilla y León.
Igualdad es una de las palabras que más llena la boca de los políticos. Sin embargo, absolutamente todas las políticas de igualdad tienen un único objetivo: sobre el papel, luchar contra la discriminación histórica que sufrieron y aún sufren muchas mujeres y, en la práctica, únicamente captar el voto femenino.
En el balance de los dos años de legislatura en la Diputación (como todos los balances positivo para los que gobiernan y negativo para la oposición), su presidenta, Isabel Carrasco, aseguró que “durante lo que queda de mandato vamos a seguir trabajando para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos leoneses, especialmente de los ciudadanos de nuestros pueblos”.
¿Dónde están los analistas de las injusticias del lenguaje cuando no sólo Carrasco sino todos los cargos políticos llaman ciudadanos a los pocos que aún habitan los pueblos, que según el diccionario no son ciudadanos y que verdaderamente padecen más que cualquier otro sector social la desigualdad en el trato que reciben por parte de las administraciones?

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