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EL pulso y la cruz / Antonio Trobajo Díaz

Preguntas sobre un bello oficio

Lo suscribo en su integridad. Fue frase pronunciada por el poeta y cantautor Luis Eduardo Aute días atrás en el marco del curso de verano que celebra en la Colegiata de San Isidoro sobre ‘El periodismo del siglo XXI’, patrocinado por la Fundación Universidades de Castilla y León: el periodismo, dijo “es un oficio bello, pero sólo si se ejerce con vocación y honestidad”. Ahí queda esa perla perfectamente tallada. Dios me libre de querer dar lecciones a nadie y menos de meterme en camisa de once varas, pero, desde mis responsabilidades de relaciones con el mundo de los medios de comunicación, me atrevo a sugerir a los profesionales de nuestras tierras que se sumerjan cada día en este fascinante mundo con el recuerdo vivo de esa frase pesándoles en las meninges. Oficio bello, asumido con el entusiasmo y la alegría de algo que da sentido a la vida (no creo que Aute quisiera incluir el matiz religioso que debe tener la palabra ‘vocación’; yo sí lo haría) y desempeñado con honradez y rectitud. Así debería ser. Y más se podría decir: con amor a la verdad y la búsqueda esforzada de la objetividad, con el respeto a las personas y al derecho que tienen éstas no sólo a la buena fama, sino también a nuestro cariño y a nuestra comprensión. Y por eso uno no entiende varias cosas: por qué no siempre se contrastan las noticias, por qué se busca hueco destacado para los rumores, por qué se sesgan hacia vertientes interesadas las informaciones, por qué pesa tanto el sensacionalismo, por qué no se acogen las referencias a ciertos acontecimientos objetivamente importantes y se destacan otros que responden a intereses muy concretos, por qué la supremacía de la noticia política (o de los políticos, que no es lo mismo), por qué tiene que primar la ideología particular sobre la verdad, por qué el articulista que se precie debe hacer alarde de increencia, iconoclastia, amoralidad y afanes transgresores, por qué hay una fijación enfermiza en embestir contra ciertas instituciones especialmente a la hora de titular... De todo ello se podrían poner bastantes ejemplos. Uno conjetura que estas preguntas y otras similares son las que justifican, al menos en parte, las prevenciones de algunos jerarcas de la Iglesia hacia algunos de nuestros medios. Y conste sinceramente que también en ellas están algunos de los malestares que le rondan a uno.

Antonio Trobajo Díaz es vicario episcopal de Relaciones Públicas de la Diócesis de León

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