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LUCHA LEONESA / Liga de Verano

‘El Junco’ quiere ser una leyenda de sus filandones

Incontestable victoria de Clemente

Diego Arce e Ibán Sánchez durante su combate de ayer. SECUNDINO PÉREZ

F. Fernández / Valdefresno
Clemente Fuertes llegó a la lucha siendo un niño. Un niño largirucho al que se hizo obligatorio bautizar como ‘El Junco’, pues cuando lo cogían y parecía que se iba a partir se revolvía una y otra vez, era complicado tirarlo.
Y con 16 años, cuando todavía había espectadores que le pedían a sus rivales que no le mancaran (pues lo veían muy frágil), ya se proclamó Campeón Provincial, algo que sólo está al alcance de unos pocos en toda la historia de la lucha leonesa. Y siempre fue un listo, muy listo. ‘‘Gané en ligeros’’, me dijo un día al llegar a un corro cuando aún era juvenil. Lo que no me aclaró es que no había luchadores de su peso y estaba solo.
El Junco creció escuchando historias de lucha en La Sobarriba, de Tino ‘El Cojo’, de los Molineros de Carbajosa, de El Cristo, de Dionisio ‘El Feo’, de Dionisio Serrano... y por todos preguntaba: ‘¿Cómo luchaban?, ¿qué maña daban?’.
Y es que él realmente siempre soñó con entrar al santoral de aquellos filandones de luchadores. Por eso, en el corro de su tierra, de la Sobarriba, siempre se crece, lucha con más ganas que nunca porque sabe que las caídas que da van directamente de los corros a las conversaciones. Un día, después de años sin ir a un corro, ‘El Cojo’ de Paradilla bajó a uno ‘‘sólo para ver a El Junco ese,del que hablan maravillas’’.
Y no es equivocó, y aquel día Clemente supo que podía entrar en la mitología de su tierra y está empeñado en hacerlo. Ayer puso otro peldaño y después de pasear a su sobrina por el corro, de hablar con todos los paisanos que le requerían, de disfrutar de la lucha... le llegó la hora de luchar y ganó casi sin despeinarse, como la hace él, con una caída de cadera, una cadrilada, un tranque, un voleo... lo que le pida la sangre, pues el de Tendal lucha desde la genética de su tierra. Y así ganó a gente como el rocoso Bulnes o esa joya en proceso de ser pulida que es Sergio.
Al margen de El Junco el público disfrutó con el corazón que le pone siempre el africano Rowand Mountalá, un chaval con el corazón tan grande como los llamativos dientes blancos que muestra sonriente cuando le tiran.

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