La masiva llegada de emigrantes a España durante la última década, que se ocuparon esencialmente del sector construcción y servicios, no sólo fue el motor del crecimiento económico del país, sino que generó unas expectativas en el sistema de la Seguridad Social que la crisis económica pone cada día más en tela de juicio, propiciando un debate que irá creciendo en intensidad durante los próximos años. El superávit que durante la última década generaba la Seguridad Social española se incrementaba de año en año. Sin embargo, a partir del pasado año disminuye de manera alarmante, al caer drásticamente el número de afiliados y dispararse el de parados. La provincia de León es el ejemplo típico de la dependencia que puede tener en España una provincia de la Caja Única, y de la distorsión que puede generar la guerra de financiación de las comunidades autónomas. Son precisamente los dos debates nacionales de más actualidad: la financiación autonómica y el pacto que lleva implícito el Diálogo Social, los que ponen los focos sobre la difícil situación que arrastra la provincia de León. Si en España la media de trabajadores por pensionista es de 2,5 por cada pensionista, en León sólo es de uno, proporción parecida en la comunidad, donde algunas provincias como Valladolid se distancian hasta tres trabajadores por pensionista. En una situación de total autonomía, como en los momentos más demagógicos del debate de financiación autonómica se manejó, la provincia de León sería una provincia en quiebra, que no podría pagar a sus pensionistas ni parados. Afortunadamente existe aún en España la solidaridad interregional que garantiza el Gobierno central, que redistribuye la Caja única de la Seguridad Social. La tendencia de León, con una pérdida de población creciente y un envejecimiento aún mayor, no ha sido posible invertirla ni en los mejores años de crecimiento. El atractivo de la provincia, la hace cada día más apetecible como lugar de jubilación de los muchos emigrantes que ha producido durante los últimos 40 años, por lo que sólo queda la apuesta de invertir en el trabajo juvenil, con la esperanza de que aumente la población activa. Los esfuerzos hechos en los últimos años por traer a León sectores como las nuevas tecnologías, han aportado su granito de arena, pero ni siquiera han conseguido frenar el descenso de estudiantes universitarios. No hay varita mágica, excepto la implicación de toda la sociedad en mantener el tejido productivo actual y no rendirse ante la crisis.